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El evangelio explicado (2.ª parte)
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La semilla de las semillas: La Cruz
Porque el mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden; en cambio, para los que se salvan, es decir, para nosotros, este mensaje es el poder de Dios.
1 Corintios 1:18 (NVI)
Leemos aquí que la predicación de la cruz, es decir, el anuncio y la explicación de lo que es la cruz, contiene un poder que sacude, que tiene la capacidad de transformar el corazón de quien recibe el mensaje.
Pero todavía es necesario que se nos explique qué es la cruz, su sentido profundo y sus efectos asombrosos en la vida práctica. Más aún, es necesario que la comprendamos, porque sin comprensión, permanece sin efecto en nuestra vida.
Hay un poder real, pero está oculto, muy bien oculto a la mirada distraída, porque solo es liberado por el Espíritu Santo en el corazón de quien escucha, comprende y lo acepta con mansedumbre.
Así que vamos a hablar de la cruz, y me aseguraré de que ustedes comprendan.
Al día siguiente Juan vio a Jesús que se acercaba a él y dijo: «Aquí tienen al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo».
Juan 1:29 (NVI)
Juan el Bautista, al ver a Jesús, anuncia lo que algunos años más tarde se convertiría en una realidad histórica. En la cruz, Jesús quitó el pecado del mundo.
Quitar no significa solamente perdonar. Es más que eso. En la cruz, el pecado ya no es contado por Dios. En la cruz, para Dios, ante Sus ojos, el pecado desaparece de la historia humana. Ha sido quitado.
El pecado y sus consecuencias devastadoras siguen presentes entre los hombres, pero ya no son imputados, ya no son cargados por Dios. Eso se llama el evangelio, y es lo que pocos comprenden o quieren aceptar plenamente. Esto se confirma en Hebreos 9, donde se expresa de otra manera:
…pero ahora, al final de los tiempos, se ha manifestado una sola vez para acabar con el pecado mediante el sacrificio de sí mismo.
Hebreos 9:26 (NVI)
En la cruz, el Hijo de Dios cargó con nuestros pecados y nuestras enfermedades, pero aquí leemos que hace aún más: al final de los tiempos, pone fin al pecado. ¡Poner fin es una expresión fuerte! Y confirma las palabras de Juan el Bautista, quien decía que el Cordero de Dios quita el pecado del mundo.
El sacrificio de Jesús quitó todos tus pecados, todos, A LOS OJOS DE DIOS, a los ojos del Padre. Hay y seguirá habiendo pecados que borrar. Todos somos culpables, pero esa ya no es la cuestión, porque Dios concede gracia a los culpables en la cruz. Ya no imputa, ya no carga los pecados denunciados por la ley de Moisés. Tus pecados y los míos han sido quitados por la muerte de Jesús.
¿Escuchas esta buena noticia? Porque es una verdadera buena noticia, con una cantidad incalculable de excelentes repercusiones para nuestra vida presente y para nuestra vida futura.
Desde hace ya 2000 años, la sentencia del Juez supremo y eterno ha sido pronunciada sobre ti, definitiva e irrevocable, y es esta:
«¡NO CULPABLE!»
Escucho protestas… ¡no es justo! ¡Es demasiado fácil! ¿Ah, sí? ¿Deseas entonces apelar a un fallo que te sea favorable? ¿Serías tú el juez?
Nuevo golpe del martillo del juez:
«¡NO CULPABLE!»
Y sí, el caso está cerrado, porque todos sabemos que la decisión de un juez pone fin a todas las preguntas y a todas las discusiones.
Por el evangelio, Dios decreta hoy que, en virtud del sacrificio de su Hijo, ayer, ustedes son declarados libres de toda condenación. Las faltas han sido borradas, quitadas por su Hijo. Esta salvación no viene de ustedes. Es la voluntad del Padre. ¡Eso es todo!
Es totalmente irreflexivo dudar de ello con el pretexto de que no lo sientes. En la vida cotidiana, si un amigo te dice que te perdona una ofensa que cometiste contra él, ¿buscas sentirlo para creerle? Dices “de acuerdo”, te sientes aliviado y la vida continúa, más fácil, en una relación restaurada. Haz lo mismo con Dios. Acepta Su perdón. Ya está adquirido y es gratuito para todos. En esto consiste que el evangelio sea una buena noticia.
¡Y no es todo! Al creer lo que acabas de oír, también acabas de recibir algo que tampoco se puede sentir: acabas de recibir la vida eterna. No lo digo yo.
Les he escrito estas cosas a ustedes que creen en el nombre del Hijo de Dios, para que sepan que tienen vida eterna.
1 Juan 5:13 (NVI)
No dice: “para que sientan que tienen vida eterna”. Dice: “para que lo sepan”. El saber no es una sensación.
Tampoco dice que TENDRÁN vida eterna, sino que la TIENEN, ustedes que creen en el nombre del Hijo de Dios.
El nombre del Hijo de Dios, ese Nombre, es Jesús, Yeshúa, que significa: Dios salva, Dios sana. Ese Nombre es la mano justa y sonriente de Dios, extendida hacia la humanidad, ofreciéndole: la reconciliación, el olvido voluntario de todas las faltas y la sanidad del alma y del cuerpo. Todo esto gracias a y por medio de la cruz.
Con la vida eterna, acabas de entrar en la verdadera felicidad. Y esa felicidad, que hoy no es más que un pequeño hilo de agua, se convierte con los años en un gran río que llena toda la vida.
El árbol de la religión y su conocimiento simplista y limitado del bien y del mal no pone al ser humano en condición de acercarse a Dios, quien es la fuente de la verdadera felicidad indescriptible e indefinible. La naturaleza humana lo mantiene lejos de la felicidad, porque existe un vínculo estrecho entre pecar y ser infeliz. Este principio, esta ley invisible, se expresa aquí:
Habrá sufrimiento y angustia para todo ser humano que hace lo malo.
Romanos 2:9 (NVI)
El sufrimiento y la angustia vienen sobre todo el que hace lo malo. Es un principio tan regular y constante como una ley científica o física. Es una ley espiritual invisible a la que nadie escapa, ¡como el aire que respiramos!
Puedes ignorar intelectualmente los mecanismos de la ley de la gravedad y, sin embargo, la experimentas todos los días.
¿Por qué nos sentimos infelices, angustiados, o no plenamente felices, insatisfechos, como si siempre faltara algo? Este texto ofrece una explicación. La felicidad y hacer el mal son incompatibles. Hacer el mal genera sufrimiento y angustia. Todos hacemos el mal en mayor o menor medida y, como nadie puede sustraerse naturalmente a esta ley, la felicidad ha sido siempre una búsqueda incesante.
Sin embargo, si reflexionamos unos instantes, ¿es este principio realmente justo?
¿Acaso tenemos verdaderamente elección? ¿Tienes la capacidad constante de no fallar jamás? ¿Te atreverías a creerlo o a afirmarlo seriamente?
Suponiendo que pudieran oírte, ¿sería justo reprocharle a un cerezo que produzca cerezas o a un manzano que produzca manzanas, cuando es su naturaleza hacerlo y no saben hacer otra cosa?
Siguiendo la misma lógica (porque la lógica no es un defecto occidental, intelectual o contrario a la fe), ¿podría Dios, sin ser injusto, reprochar a los hombres que cometan pecados cuando eso forma parte de su naturaleza misma y no pueden evitarlo? Detente un momento en esto. Reflexiona fuera de toda convención o prejuicio religioso.
¿Honestamente?
Sí, hay una injusticia, y Dios envió a su Hijo para reparar esa injusticia.
Pero yo les digo la verdad: les conviene que me vaya, porque si no me voy, el Consolador no vendrá a ustedes; en cambio, si me voy, se lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de su error en cuanto al pecado, a la justicia y al juicio. En cuanto al pecado, porque no creen en mí.
Juan 16:7-9 (NVI)
Por esta razón, el único pecado del cual el Espíritu Santo nos convencerá hoy es no aceptar al Salvador que Dios nos ha enviado, como se lanza un salvavidas a alguien que se está ahogando y no tiene ninguna posibilidad de salvarse. Cuando se nos lanza un salvavidas y está a nuestro alcance, ahogarse deja de ser una fatalidad. Uno se vuelve libre de ahogarse o no. Siguiendo la imagen y sin faltar al respeto, nuestro salvavidas, nuestra salvación, se llama Jesucristo.
El pecado para ti y para mí ya no es desobedecer los diez mandamientos, contrariamente a lo que insiste la religión, la del árbol del conocimiento del bien y del mal; el pecado es no agarrar el salvavidas que nos fue enviado. Estás invitado(a) a comer gratuitamente del árbol de la vida, porque vuelve a estar disponible. El pecado es no comer de ese árbol de la vida, que se llama Jesús.
En Jesús, en la cruz, todos los pecados pasados, presentes y futuros han sido abolidos; han desaparecido ante los ojos del único Juez, que ahora solo ve a su Hijo amado.
Si escuchas a la religión, la oirás esforzarse por convencerte de que eres un vil pecador y que tus pecados te conducen directamente a las llamas.
Si escuchas al Espíritu Santo enviado por Jesús, oirás algo diferente. Él convence al mundo de que el único pecado hoy es no creer quién es Jesús para nosotros: el Salvador enviado por el Padre. Lo has leído bien: “convencerá al mundo de su error en cuanto al pecado, porque no creen en mí”.
Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.
Juan 3:16 (NVI)
En la cruz, Jesús cargó con todas nuestras faltas y todas nuestras enfermedades. Fue herido en nuestro lugar por el Dios de justicia. En esa cruz se establece una unión imposible en la tierra: la del amor y la justicia.
En la tierra de los hombres, si se aplica la justicia, se castiga al culpable. No hay lugar para el amor.
Si se aplica el amor, se deja al culpable sin castigo. Y entonces no hay justicia. Ambos son inconciliables.
En Jesucristo, el amor y la justicia se fusionan. Jesús, por amor, carga con los pecados del mundo —los nuestros incluidos— y se convierte, a los ojos del Juez único, en el único culpable. Es castigado como corresponde. Se hace justicia. Y el amor del Padre y de su Hijo único está en el origen de esta justicia.
Es importante comprender que no hay doble castigo en Dios, a diferencia de lo que puede ocurrir entre los hombres. Si tu culpa ha sido purgada y pagada, lo fue por Jesucristo. No serás castigado una segunda vez, porque el veredicto ya ha sido pronunciado, pero no sobre ti. Dios dio a su Hijo único. Ese es tu salvavidas, tu salvación.
Pero hay aún más:
Él anuló el acta que nos era adversa, con sus mandamientos y requisitos, y la canceló clavándola en la cruz.
Colosenses 2:14 (NVI)
Este texto no deja lugar a dudas. Había un libro en el que estaban registradas todas tus faltas y todas las mías, un acta que establecía de manera incontestable nuestra culpabilidad. Ese acta de condenación fue destruida, nos anuncia el evangelio; fue clavada en la cruz por Jesucristo. ¡En el instante en que crees esta noticia increíble, ya has entrado en su realidad!
Imagina a un culpable esperando su sentencia. ¿Pero qué ocurre? ¿Cuál es la fuente de esta repentina agitación? Se oye el ruido de unas llaves. La puerta se abre. Te anuncian que eres libre. ¿Cómo que libre?
¡No se encuentran las pruebas! Alguien las hizo desaparecer. Ningún cargo puede ya sostenerse contra ti.
Eso es exactamente lo que ocurrió. Las pruebas, el acta que nos condenaba, fueron destruidas. El registro desapareció. Ya no se ve más que una cruz. Eso es lo que este texto dice en lenguaje moderno.
Eres libre, absuelto. Puedes salir. Nada podrá probarse ya contra ti.
Repetimos: no esperes sentir algo al escuchar estas cosas. No se trata de emociones, sino de una verdad bíblica objetiva que basta con conocer. Es así. Jesucristo anuló el acta que nos condenaba y la destruyó clavándola en la cruz. Si has comprendido esto, estás creyendo en el Hijo.
El que cree en el Hijo tiene vida eterna.
Juan 3:36 (NVI)
Dios no condenará a nadie que se presente ante Él llevando en su pecho esta inscripción: “muy culpable, pero salvado por Tu Hijo en el Gólgota”. Ese es el sentido de “para que todo el que cree en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna”. La salvación es el regalo de Dios por medio de Jesucristo. No hay nada que añadir. Solo recibir.
El árbol de la vida nos comunica gratuitamente la vida eterna. A ti que acabas de comprender lo que significa el sacrificio de Jesús, te lo digo con la Biblia: tienes vida eterna, la tienes ahora, la sientas o no. Simplemente porque Dios lo dijo y tú lo aceptaste.
Les he escrito estas cosas para que sepan que tienen vida eterna, ustedes que creen en el nombre del Hijo de Dios.
1 Juan 5:13 (NVI)
No sabías que el sacrificio de Cristo significaba todo esto. Pues sí. Ahora lo sabes, porque estas cosas han sido escritas para que lo sepas. ¿Lo has creído? Tienes vida eterna.
El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rechaza al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él.
Juan 3:36 (NVI)
No te inquietes por quienes aún no creen en el Hijo. Tu preocupación es loable, pero no somos los salvadores del mundo. Dios se ocupa de cada uno, y nadie sabe lo que Él hace en la vida de los demás. Nadie conoce su vida secreta. Nadie conoce los llamados que han recibido o recibirán un día de parte de Dios.
Jesús dijo que atraerá a todos hacia Él. Lo hace, entre otras cosas, por medio del testimonio de aquellos en quienes Él habita, por la predicación y por muchos otros medios. Pero Él es el Salvador. Él sabe cómo encontrarse con cada uno y deja a cada uno libre de aceptar o rechazar. Y nadie conoce tampoco la decisión de cada cual. Por ahora, es a ti a quien Él atrae, iluminando tu entendimiento. Y esta buena noticia es para ti, hoy, tú que la escuchas y la comprendes.
Hay todavía algo que debes saber: has sido reconciliado con Dios. Reconcíliate con Él.
Porque si cuando éramos enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, habiendo sido reconciliados, seremos salvados por su vida!
Romanos 5:10 (NVI)
Has sido reconciliado con Dios por la muerte de su Hijo, y eso tampoco te lo habían explicado aún. Vuelve a leer este versículo. ¿Has notado los tiempos verbales? Todos están en pasado. No dice “serán reconciliados”, sino “fueron reconciliados”. Lo has sido desde hace 2000 años. Lo eres hoy, mañana y siempre, y entra en efecto en el instante mismo en que lo crees.
Al creer que Jesucristo llevó en la cruz todo lo que te separaba de Dios, que Su muerte —y no alguna acción tuya— te reconcilió incondicionalmente con Dios, acabas de cumplir los criterios de Dios según el evangelio.
Estás recibiendo en este instante, en tu espíritu y en tu alma, la plena seguridad del perdón de todas tus faltas pasadas, presentes y futuras, y por tanto, una reconciliación total y completa con tu Creador.
Se te anuncia: Cristo murió, eres perdonado de todo por su muerte, por su sangre derramada. ¡Pero no lo sabías! Ahora lo sabes, y si no te opones a esta increíble buena noticia, si la recibes con mansedumbre, has entrado en la vida eterna sin ruido ni fanfarria. Has creído. Eso es todo. Es simple. Esa es la fuerza de la predicación de la cruz.
Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo.
Romanos 10:10 (NVI)
Haz una pausa ahora y dile al Señor Jesús, con tus propias palabras, que le agradeces por lo que hizo y que aceptas —quizás con asombro— pero plenamente y de todo corazón, este magnífico regalo que te ha hecho, y que solo esperaba dos acontecimientos:
• que conocieras la noticia, que se te explicara y que comprendieras todo su alcance
• que superaras tu asombro y quizás tu sentimiento de indignidad para aceptar en tu alma este regalo maravilloso que Dios ha hecho a todos los hombres, mujeres y niños de todos los tiempos. La fe es simplemente creer lo que Dios dice.
Confesar con la boca significa declarar abiertamente tu fe, decirlo con tu boca. La boca no es el pensamiento. Con tu boca, di estas palabras si ahora tienen sentido para ti:
Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios.
Efesios 2:8 (NVI)
Incluso puedes, sin cometer sacrilegio, adaptarlo para hacerlo tuyo:
Porque por gracia soy salvo, mediante la fe. Y esto no procede de mí, sino que es el regalo de Dios.
Pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios, pero por su gracia son justificados gratuitamente mediante la redención que Cristo Jesús efectuó.
Romanos 3:23-24 (NVI)
Porque todo el que invoque el nombre del Señor será salvo.
Romanos 10:13 (NVI)
Invocar el nombre de Jesús (Dios salva, Dios sana) es simplemente hablarle con la confianza de que tus palabras no se dirigen a una pared o al techo, sino a Aquel que es omnipresente (en todas partes a la vez), omnipotente (todopoderoso) y omnisciente (que lo sabe todo, incluso tus pensamientos más secretos), y que ha esperado desde hace tanto tiempo este instante, este momento en el que finalmente comprendes Su amor por ti y le entregas tu vida. Entrégale ahora verbalmente la dirección de tu vida. La confesión de la boca es importante.
Bien, ¿ya le has dado gracias? ¿Sí? Entonces podemos continuar, porque ¡esto es solo la mitad de la buena noticia! !!!!!!!!
2ª semilla: la Resurrección
¡Dichosos aquellos a quienes se les perdonan las transgresiones, a quienes se les cubren los pecados! Dichoso aquel a quien el Señor no toma en cuenta su pecado.
Romanos 4:7-8 (NVI)
Es extraordinario saber que hemos sido perdonados de todas las faltas pasadas; es un inmenso alivio y una inmensa felicidad, y lo somos gracias a la muerte de Jesús en la cruz. Dios ya no nos imputa, es decir, ya no nos carga nuestros pecados. ¡Es como si nunca hubiéramos pecado!
Pero ya oigo a algunos(as) hacerse una pregunta totalmente legítima: “Si entiendo bien, según la doctrina del evangelio, puesto que de todos modos estoy perdonado, puedo desahogarme con mi vecino que me molesta, insultar a mi vecina que me ofendió, mentir, robar, hacer todo el mal. Luego bastará con pedir perdón, ya que mis pecados de todas formas ya han sido borrados. ¿Es así?”
Me sentiría tentado a responderte: ¡sí! Has entendido el evangelio, pero todavía solo tienes la primera parte de la historia y, por lo tanto, no estás haciendo la pregunta correcta.
Si todo el mundo fuera inocente, ¿haría falta la gracia de Dios? La gracia es para los culpables. Un justo no necesita gracia. Sí, Dios concede gracia a culpables, esclavos de su naturaleza rebelde. Así que hay que ser culpable para ser elegible para la Gracia. Dios concede gracia a culpables, y la buena noticia del evangelio convierte a todos —o casi— en culpables indultados.
La verdadera pregunta, la buena pregunta es: “¿Te has convertido en hijo(a) de Dios? ¿Has nacido de nuevo? ¿Eres una nueva creación?”. Y vas a entender por qué es la buena pregunta, y pronto podrás responderla, porque el principio que sigue no puede, bajo ningún pretexto, ser anulado:
Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús.
Romanos 8:1 (NVI)
¿Ninguna condenación para los culpables? Es totalmente normal reaccionar porque, a primera vista, no parece aceptable, ¡claro! A menos que lo pongamos en el contexto completo del evangelio. Se necesitan dos caras para que una moneda esté completa.
No hay condenación para los que están en Jesucristo, porque al recibir el perdón de los pecados, ellos y ellas nacieron de Dios. Recibieron una vida nueva, la vida de Cristo. Entraron sobrenaturalmente en una novedad de vida.
Y esto también requiere una explicación completa. El plan de Dios para la humanidad es más grande y mucho más perfecto de lo que pensamos. Escucha más bien esta afirmación sorprendente:
Todo el que ha nacido de Dios no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; no puede pecar porque ha nacido de Dios.
1 Juan 3:9 (NVI)
Las dos expresiones clave aquí son “nacido de Dios” y “no practica”. Se habla de alguien que ha nacido de Dios y en quien la simiente de Dios permanece. No cambiamos de registro. No estamos en la religión, sino en una obra sobrenatural que ninguna religión puede producir. Se dice que quien ha nacido de nuevo, quien ha nacido de Dios, no practica el pecado. “No practica”… Para explicar esto, empecemos leyendo:
En otro tiempo también nosotros vivíamos entre ellos, impulsados por nuestros deseos pecaminosos, siguiendo nuestra propia voluntad y nuestros propósitos. Como los demás, éramos por naturaleza objeto de la ira de Dios.
Efesios 2:3 (NVI)
Antes de nacer de nuevo, uno camina en las ofensas y en los pecados; uno practica el pecado. Los pecados no son accidentes, sino una práctica normal repetida, un estilo de vida, el sistema de pensamiento y de vida natural de un hijo o una hija de Adán, que somos todos y todas.
Retomando la imagen mencionada más arriba: el cerezo silvestre produce sus guindas, ¿y por qué habría de sentirse incómodo si es su naturaleza? Vivíamos según los deseos, éramos por naturaleza —fíjate en la palabra “naturaleza”— objeto de la ira, como los demás. Era nuestra naturaleza, nuestra práctica, y no presentaba ningún problema, salvo la ley interior o religiosa que sacudía de vez en cuando la conciencia.
¡Pero aquí está lo que lo cambia todo!
Quien ha comprendido y recibido el perdón de sus pecados en la cruz, recibe en ese mismo instante, en su espíritu, la simiente de una vida nueva, de una nueva naturaleza: la naturaleza de Cristo, la naturaleza de Aquel que obedeció perfectamente a Dios en su humanidad, en el cuerpo de un hombre. Y esto tampoco es una sensación.
Antes ustedes estaban muertos a causa de sus pecados y de la incircuncisión de su naturaleza pecaminosa, pero Dios les dio vida con Cristo al perdonarnos todos los pecados.
Colosenses 2:13 (NVI)
En el momento en que tomamos conciencia de que nos concede gracia por todas nuestras ofensas, Dios nos da vida con Jesucristo, comunicándonos la simiente de vida de Jesucristo.
Cristo, a partir de ahora, nos comunicará y hará crecer desde dentro ese mismo deseo y esa misma capacidad de obediencia, porque ha hecho nacer un corazón nuevo, un espíritu nuevo, que Él recreó en quienes lo reciben. Eso es lo que significa nacer de Dios.
Y eso explica los deseos, las atracciones, las ambiciones, los gustos nuevos que surgen y comienzan a manifestarse de manera igualmente natural en cualquiera que ha recibido a Cristo.
No nos esforzamos por ser diferentes. Nos hemos vuelto diferentes. La naturaleza de Cristo corre ahora en nosotros, manifiesta Su vida, Sus deseos, Su capacidad. Y nuestra práctica cambia, y se va despojando progresivamente de todos los viejos reflejos y hábitos de la vida anterior.
Se comprende mejor el alcance inmenso de la profecía de Ezequiel, 600 años antes del nacimiento de Cristo, y cómo se cumple en quienes reciben a Cristo en su corazón. Escucha esta profecía por la cual Dios anunciaba lo que haría por Jesucristo en el corazón de los hombres:
Los rociaré con agua pura y quedarán purificados; los limpiaré de todas sus impurezas y de todos sus ídolos. Les daré un corazón nuevo y les infundiré un espíritu nuevo; les quitaré ese corazón de piedra que ahora tienen, y les pondré un corazón de carne. Infundiré mi Espíritu en ustedes, y haré que sigan mis decretos y obedezcan mis leyes.
Ezequiel 36:25-27 (NVI)
El hijo de Dios primero es purificado y luego recibe una nueva naturaleza, un corazón nuevo, un espíritu nuevo, opuestos a la naturaleza que tenía antes: una naturaleza que no ama hacer el mal y que tiene la capacidad sobrenatural de vencerlo.
En otras palabras, el mal que pudiera cometer quien se ha convertido en hijo(a) de Dios (y ocurrirá) es un tropiezo, debido a la debilidad o a la falta de vigilancia, pero ya no es —ni será jamás— una práctica, ni una manera de vivir, ni un modo normal de pensar. Ya no es su naturaleza. Ha sido modificada sobrenaturalmente.
Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo! Y todo esto proviene de Dios.
2 Corintios 5:17-18 (NVI)
En el instante en que recibimos por la fe el perdón de los pecados, en ese mismo instante, en un abrir y cerrar de ojos, recibimos una nueva naturaleza: una naturaleza que aborrece la práctica de lo que es malo a los ojos de Dios. Cualquiera que haya nacido de nuevo puede darte testimonio de cómo sus deseos cambiaron.
Y si por debilidad el hijo de Dios cae, encuentra en Jesucristo un abogado eterno, muy eficaz, cuyas marcas de clavos en sus manos garantizan un perdón inmediato e incondicional, puesto que los pecados ya han sido quitados.
Les escribo esto, queridos hijos, para que no pequen. Pero si alguno peca, tenemos ante el Padre a un intercesor: a Jesucristo, el Justo.
1 Juan 2:1 (NVI)
Por eso no hay condenación para los hijos de Dios, por esos pecados que son lamentables tropiezos, para ti que has recibido la nueva naturaleza de Cristo. Porque una nueva naturaleza está obrando en ti, mucho más eficazmente que tus intentos de cumplir los mandamientos.
Es la garantía de que ya no eres el mismo, ni la misma, y de que es Dios mismo quien, ahora, ha tomado las riendas. Esta vida nueva, que quizá hoy no sea más que una semilla muy débil, apenas perceptible, se convertirá, con Su ayuda, en un árbol inmenso que dará el fruto del Espíritu: amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio.
Y si el hijo de Dios, nacido de nuevo, se aparta del amor y de la santidad —y sucede— ya no es como antes. No lo deja indiferente, por causa de la naturaleza de Cristo que hay en él. Siente lo que se siente cuando, después de ponerse ropa nueva, uno se mancha. Solo tiene un deseo: limpiarse cuanto antes. Ya no soporta ninguna mancha. Entonces se encomienda al Abogado, recuerda la acción purificadora y eterna del sacrificio de Cristo que abolió el pecado, la acción eterna de la sangre de Jesús que, a los ojos del Padre, nos limpia de todo pecado, y ya no puede permanecer en condenación.
Pero si vivimos en la luz, así como él está en la luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesucristo nos limpia de todo pecado.
1 Juan 1:7 (NVI)
Un simple reconocimiento de nuestra falta, una mirada dirigida a Aquel que murió por nosotros, basta.
Lo que vale no es estar o no circuncidado, sino ser una nueva creación.
Gálatas 6:15 (NVI)
Pablo dirigía esta palabra a los judíos de la época que habían aceptado a Cristo, porque los hubo. Les decía, en esencia: ahora que Jesús ha venido, no es la observancia de la ley (la circuncisión era una exigencia de su ley) ni de los mandamientos, ni el hecho de pertenecer a una religión lo que cuenta; porque de todos modos ustedes jamás lograrán ser perfectos como Dios lo exige mientras su naturaleza no haya sido cambiada.
Lo importante es ser una nueva creación. Esa era la buena pregunta de hace un momento. Porque es la garantía de que Dios mismo está obrando en tu vida. Y eso es lo que hará la diferencia, porque Dios NUNCA falla. Ya no eres tú quien intenta salvarse.
Por eso también puede salvar por completo a los que por medio de él se acercan a Dios, ya que vive siempre para interceder por ellos.
Hebreos 7:25 (NVI)
Dios mismo, desde dentro, te salva y te salvará perfectamente. Lo que vale es ser una nueva creación. ¿No es hermosa esta noticia?!!!
Volvamos a este versículo del que hablábamos en la primera parte de este artículo:
Así como por la desobediencia de uno solo muchos fueron constituidos pecadores, también por la obediencia de uno solo muchos serán constituidos justos.
Romanos 5:19 (NVI)
¿Comprendes ahora esta bomba en Romanos 5:19? Te voy a ayudar con dos preguntas.
1/ ¿Qué hay que hacer para convertirse en pecador? Por favor, no respondas: “me convierto en pecador cuando desobedezco un mandamiento”. ¡No! Ahora lo has entendido. Heredaste una naturaleza de pecador de tus padres. Por lo tanto, lo eres por naturaleza, incluso antes de haber cometido un solo pecado. Se nace pecador; por eso se peca.
Es el pecado el que vive en mí, dice la Biblia:
Pero si hago lo que no quiero, ya no soy yo quien lo hace, sino el pecado que vive en mí.
Romanos 7:20 (NVI)
Así que la respuesta a la pregunta “¿qué hay que hacer para convertirse en pecador?” es: NADA. Pecador soy desde el nacimiento, incluso antes de haber cometido alguna mala acción. Porque pecador lo eres como consecuencia de la desobediencia de otro, de uno solo: Adán. Por la desobediencia de un solo hombre, muchos fueron constituidos pecadores.
2/ ¿Qué hay que hacer entonces para convertirse en justo?
La respuesta es la misma: NADA. Justo uno llega a serlo desde el nuevo nacimiento, antes de haber realizado alguna buena obra. Se hereda la naturaleza justa de Cristo tan naturalmente como se heredó la naturaleza de Adán en el primer nacimiento. Por la obediencia de uno solo (Jesucristo), muchos (los que creen) son constituidos justos, de la misma manera que por la desobediencia de uno solo (Adán) todos fueron constituidos pecadores.
Todavía no se ve al pecador en el alegre bebito inocente y tierno. Puede que tampoco se vea aún al justo en la persona en quien la simiente de Dios acaba de cobrar vida, o en quien no ha cuidado esa simiente para que se convierta en un gran árbol visible para todos.
Pero una cosa es segura: al cuidarla, al colaborar con el Espíritu Santo, esa vida justa se manifiesta cada vez más y hace desaparecer progresivamente la vida anterior y sus malos hábitos.
Podríamos sintetizar así: uno no se vuelve pecador cometiendo pecados. Uno no se vuelve justo haciendo buenas obras. Uno es pecador porque heredó la naturaleza de Adán por medio de sus padres. Uno es justo en el momento en que recibe la naturaleza de Jesucristo, en el nuevo nacimiento. Primero se recibe la naturaleza y luego vienen los frutos.
Ese es el mensaje completo del evangelio: ¡perdonados y regenerados!
La semilla crecerá si crees y sigues creyendo, a pesar de tu asombro. ¡Y de una manera tan extraordinaria!
Así es el reino de Dios. Es como un hombre que echa semilla en la tierra. Sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece, ya sea que duerma o que esté despierto, de noche o de día.
Marcos 4:26-27 (NVI)
Tu fe, por sí sola, permite al Espíritu Santo liberar todos los efectos maravillosos de esta vida en tu existencia cotidiana. Alimenta tu fe escuchando a menudo el Evangelio, el que acabo de anunciarte. Mantén simplemente los ojos fijos en estas verdades de lo que Jesús es, y confía en el Espíritu Santo para crear en ti la fe suficiente y concederte generosamente todos los beneficios en Jesucristo.
¿Quieres reinar en la vida sobre tu vieja naturaleza y sobre las circunstancias (y no sobre tu prójimo, porque eso no está previsto en el contrato)? Entonces, recibe, recibe, recibe, recibe… recibe una y otra vez…
Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, con mayor razón reinarán en vida por medio de un solo hombre, Jesucristo, los que reciben en abundancia la gracia y el don de la justicia.
Romanos 5:17 (NVI)
Una última cosa
Por tanto, mediante el bautismo fuimos sepultados con él en su muerte, a fin de que, así como Cristo resucitó por el poder del Padre, también nosotros llevemos una vida nueva.
Romanos 6:4 (NVI)
Fuimos sepultados con él por el bautismo en su muerte. Este texto habla implícitamente del bautismo en agua. Quizá el siguiente texto te hable más:
¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados en su muerte?
Romanos 6:3 (NVI)
O este:
Todos ustedes que han sido bautizados en Cristo se han revestido de Cristo.
Gálatas 3:27 (NVI)
Son numerosos los textos que subrayan la gran importancia del bautismo.
Si no has sido bautizado(a), busca una iglesia, una asamblea (ekklesía = asamblea = iglesia) que predique el nuevo nacimiento, el bautismo en agua, la obra del Espíritu Santo, la muerte y la resurrección de Jesucristo; y sobre todo, una iglesia cuyos dirigentes sean sencillos y desinteresados, y bautízate.
El bautismo forma parte de tu declaración de fe. Cuando hemos comprendido y creído lo que significa para nosotros la muerte de Jesucristo en la cruz, nuestra mente se adhiere, sí, pero nuestro cuerpo —que también forma parte de nosotros— sigue quedando fuera de todo eso.
Nuestra alma, sede de la inteligencia, comprende, acepta y cree la buena noticia del evangelio. Está bien. Nuestro espíritu resucita y acoge al Espíritu Santo, que hace de él su morada. Está muy bien. ¿Y nuestro cuerpo? ¿Cómo lo incluimos en este proceso total de regeneración? Por el bautismo en agua.
Al oír esto, se afligieron profundamente y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: —Hermanos, ¿qué debemos hacer? —Arrepiéntanse y bautícese cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados —les contestó Pedro—, y recibirán el don del Espíritu Santo.
Hechos 2:37-38 (NVI)
Jesús se acercó entonces y les dijo: —Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.
Mateo 28:18-20 (NVI)
Jesús mismo le decía a Juan el Bautista que el bautismo era lo correcto que había que cumplir.
Entonces Jesús llegó de Galilea al Jordán para que Juan lo bautizara. Pero Juan trató de disuadirlo. —Yo soy el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? —Deja eso ahora —contestó Jesús—, pues nos conviene cumplir con lo que es justo. Entonces Juan consintió.
Mateo 3:13-15 (NVI)
Jesús dio el ejemplo. El bautismo es un acto importante, porque Dios salva al ser completo: espíritu, alma y cuerpo.
El bautismo, el sepultar nuestro cuerpo en el agua, es nuestra manera de decirle a Dios y delante de los hombres que aceptamos plenamente la condenación de nuestra antigua naturaleza. Es un acto de arrepentimiento y fe expresado por una acción concreta. Simbólicamente sometemos nuestro cuerpo a la muerte. Si no saliéramos del agua, estaríamos muertos de verdad. Nos identificamos, pues, mediante el bautismo, con la muerte de Jesús y con su resurrección cuando salimos del agua.
No es solamente un acto simbólico sino, a la luz de los textos leídos, un acto importante e inseparable de nuestra fe interior. El verdadero bautismo es un acto que realizamos para concretar nuestra fe en la muerte y en la resurrección de Jesús, que ahora lo hemos comprendido, son también nuestra muerte en Adán y nuestra resurrección en Cristo.
El que crea y sea bautizado será salvo, pero el que no crea será condenado.
Marcos 16:16 (NVI)
Recordemos: arrepentirse es simplemente, después de haber reconocido la corrupción del ser natural y nuestra incapacidad de librarnos de ella por nosotros mismos, aceptar ser librados por la acción sobrenatural de Dios. Es dar un giro total, decidir darle la espalda a las fuentes de inspiración de nuestra vida anterior para abrazar la nueva vida de libertad que se nos ofrece. Esa es la verdadera arrepentimiento. Se hace con el corazón y se acompaña el gesto con la palabra. El bautismo lo significa y lo concreta de manera visible. Dejamos nuestra vida pasada en el fondo del baptisterio, o de la piscina, o en el fondo del río o del torrente.
Puedo predecirte sin equivocarme que, en los próximos días, incluso en las próximas horas, todo se pondrá en marcha —como por casualidad— para que olvides estas verdades sencillas que acabo de explicar, o para que las dejes de lado, ocupado(a) por un aumento repentino de tus actividades, por la aparición súbita de obligaciones que disipen en tu mente la claridad de todas estas maravillosas verdades que tienen el poder de transformar tu vida.
Dichoso el que no sigue el consejo de los malvados ni se detiene en la senda de los pecadores ni cultiva la amistad de los blasfemos, sino que en la ley del Señor se deleita, y día y noche medita en ella. Es como el árbol plantado a la orilla de un río, que cuando llega su tiempo da fruto y sus hojas jamás se marchitan. ¡Todo cuanto hace prospera!
Salmo 1:1-3 (NVI)
No es grave. Vuelve a escuchar regularmente este evangelio. Riega con constancia y fortalece tu comprensión, y verás la simiente de Dios en tu corazón crecer día tras día. Aliméntate cada día de este evangelio, meditándolo, afirmándolo en tu sistema de pensamiento. Lo verás fortalecerse de día en día. “Sean transformados mediante la renovación de su mente”, dice la Biblia.
La obra de Dios, SU obra en ti (no la tuya), es que creas en todo lo que Aquel que Él envió hará en ti y por medio de ti: Jesucristo, su Hijo único. Él es el sol al que solo debes exponerte tan a menudo como puedas, para revestirte de los hermosos colores de la vida verdadera.
Entra plena y totalmente en esta nueva vida que se te ofrece.
Palabra fiel y digna de ser aceptada por todos: que Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.
1 Timoteo 1:15 (NVI)
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Todo, plenamente, en 2026
Dios da generosa y gratuitamente todo lo que está dentro de su voluntad. ¡Todo! -
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El Señor Jesús nos enseña en una parábola el principio y la metodolog&ia...
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Sed hacedores de la palabra y no solamente oidores que se enganan a sí mismos. Porque si alguno es oidor de la palabra, y no hacedor, es semejante a un hombre que mira su rostro natural en un espejo; pues después de mirarse a sí mismo e irse, inmediatamente se olvida de qué clase de persona es.
Pero el que mira atentamente a la ley perfecta, la ley de la libertad, y permanece en ella, no habiéndose vuelto un oidor olvidadizo sino un hacedor eficaz, éste será bienaventurado en lo que hace. Santiago 1:22-25
Este hombre (hombre o mujer) que olvida quién es justo después de mirar en el espejo, podría ser tú o yo, si no somos insruidos. ¿Quiénes somos?
Todo lo que sigue será totalmente ininteligible si no has nacido de nuevo. Si no estás seguro(a) en tu corazón de que naciste de nuevo, sepa y tenga la seguridad de que Jesucristo fue encarnado milagrosamente, por una operación sobrenatural del Espíritu de Dios en una mujer que no había conocido a un hombre, que murió, resucitó y ascendió a la gloria, de donde había venido, para enviar su Espíritu de vida. Con esto, ha completado con éxito una obra completa, cuyo significado ha permanecido oculto durante mucho tiempo y que, en los últimos tiempos, se revela, descrito a lo largo de la Biblia, una obra completa cuyo objetivo final es que pueda habitar y reinar en el corazón de hombres (hombres y mujeres). Es esta vivienda la que comienza el día en que nacemos de nuevo.
Por lo tanto, el nuevo nacimiento no es un privilegio reservado a unos pocos, sino el deseo de Dios por todos. Vino en la persona de Jesucristo para que TODOS sean salvos, entendéis por salvos, para que todos se conviertan en una morada de Cristo en espíritu para formar juntos el cuerpo de Cristo en la tierra y por la eternidad. El espera que simplemente lo invites a convertirle en el Señor de toda tu vida hoy. Si quieres saber más sobre el nuevo nacimiento, te invito a leer De creyente a nacido de nuevo.
El día que nacimos de nuevo, ocurrió un milagro interior e invisible. Hemos sido espiritualmente cortados del árbol de la humanidad rebelde y hemos sido injertados, por la acción sobrenatural del Espíritu Santo, a una nueva humanidad inaugurada por Jesucristo, el primogénito de esta nueva generación, exactamente de la de la misma manera que se cortaría la rama fructífera de un árbol, para injertarla en otro árbol más vigoroso.
A partir de este momento, la savia, la vida, la naturaleza de este otro árbol comienza a circular y a vigorizar la rama injertada. Lo mismo ocurre en el nuevo nacimiento. La vida divina comenzó a fluir hacia nosotros. Los efectos no son inmediatamente evidentes, pero poco a poco, la rama comienza a mostrar un nuevo vigor y producir frutas nuevas y sabrosas. Dentro, en nosotros, sabemos, todo ha cambiado al instante. Pero los cambios en el exterior se manifiestan gradualmente en nuevos gustos, nuevas reacciones, acciones y nuevas dolencias.
De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas. Y todo esto procede de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por medio de Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación, 2 Corintios 5:17
por medio de las cuales nos ha concedido sus preciosas y maravillosas promesas, a fin de que por ellas lleguéis a ser partícipes de la naturaleza divina, habiendo escapado de la corrupción que hay en el mundo por causa de la concupiscencia. 2 Pedro 1:4
En el nuevo nacimiento, recibimos una nueva naturaleza que se convierte en nuestra vida natural. Somos ahora participantes de la naturaleza divina.
Y cuando leemos o escuchamos la Palabra de Dios, la Biblia, es como si nos miramos en un espejo, el rostro de esta nueva naturaleza, cómo se ve, cómo se supone que se parece. Sólo otros pueden vernos. No podemos vernos a nosotros mismos excepto a través de un espejo. Y la Biblia actúa como un espejo.
Cuando la leemos, vemos la descripción de lo que nos hemos convertido internamente y que somos llamados a manifestar externamente.
haced completo mi gozo, siendo del mismo sentir, conservando el mismo amor, unidos en espíritu, dedicados a un mismo propósito. Filipenses 2:2
Francamente, ¿sería en nuestro poder, por la fuerza de nuestra voluntad ser un mismo sentir, un mismo amor, un mismo pensamiento con nuestros hermanos y hermanas en Cristo? ¿Realmente creen que este es un mandamiento adicional que debemos esforzarnos por aplicar?
Lo que se describe aquí no es una cuestión de voluntad. Espero que no sigas engañándote sobre esto. Puedes hacer esfuerzos para acordarte con tu hermano o hermana, puedes esforzarte por perdonar, olvidar las ofensas, para ser paciente, para mantener tu lengua en una restricción, para pensar primero en sus intereses ante el tuyo, para mostrar actos de amor. Sí, puedes intentar hacer muchas cosas. Pero ser del mismo sentir, amor, un pensamiento con ellos.......
Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.. Colosenses 3:2
En esta traducción de la Biblia, la palabra griega ‘phroneo’ ha sido traducida por ‘poner la mira en’. El verdadero sentido de ‘phroneo’ es mucho mas que eso. Otras lenguas (francés, inglés y puede ser otras) lo tradujeron por sentir cariño para, querer lo que se acerca más del sentido real. Amáis, tengáis cariño, afecto para las cosas de arriba y no para las de la tierra.
De todas formas, muchos de nosotros leemos este texto de la siguiente manera: Esfuérzate a las cosas de arriba, a adorar, orar, a leer diariamente la palabra y private de todo lo que hay en el mundo.
Pero este texto no dice nada de esto. ¿Quién dijo algo sobre privarte? ¿Dónde dice aquí? Además, si tengo que privarme de algo, si tengo el sentimiento de privarme de algo es una prueba de que me gusta. Solo reemplazo une cosa que me gusta enmascarándola de frustración. Pero no resuelvo el problema del afecto. ¡Me mantengo completamente al lado de la intención de este verso!
El Señor pide intencionalmente algo que un humano normal no puede producir. Tú no decides tus afectos. Las dolencias brotan de las profundidades y son incontrolables. Si no me gustan las cosas de arriba, imponerlas a mí no cambia nada. Eso no significa que me gusten. Ni tú ni yo tenemos el poder de obedecer este versículo.
Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús: Filipenses 2:5
Y con Filipenses 2:5, culminamos. ¿Puedes controlar tu sentir? Cómo incluso eso sería posible, aquí la barra es mucho más alta, se te manda este SENTIR como hubo en Jesucristo, el Hijo de Dios. ¿Quién podría?
Hay un problema en la forma en que leemos y entendemos las Escrituras. Las cosas viejas han pasado, todas las cosas se han vuelto nuevas y la forma en que leemos la Palabra de Dios también debe cambiar.
Dejemos de leer la Palabra de Dios en el espíritu del antiguo pacto, de lo contrario pasaremos de una condenación a otra y podemos caer muy bajo.
En el antiguo pacto, no decimos en el antiguo testamento de la Biblia, en el antiguo pacto, el de la ley de Moses, cuando Dios daba un mandamiento, esperaba todos nuestros esfuerzos para hacer lo mejor y obedecerle de lo contrario era la muerte y el rechazo.
En el nuevo pacto, los nacidos de nuevo reciben un nuevo espíritu, un nuevo corazón deseoso de obedecerle.
porque Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer, para su beneplácito. Filipenses 2:13
En el nuevo pacto, Dios crea el querer come el hacer.
Y el Dios de paz, que resucitó de entre los muertos a Jesús nuestro Senor, el gran Pastor de las ovejas mediante la sangre del pacto eterno os haga aptos en toda obra buena para hacer su voluntad, obrando El en nosotros lo que es agradable delante de El mediante Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. Ebreos 13:21
En el nuevo pacto, Dios nos hace capaces de cualquier buena obra para el cumplimiento de Su voluntad MEDIANTE Jesucristo y hace en nosotros lo que le agrada.
Porque de El, por El y para El son todas las cosas. A El sea la gloria para siempre. Amén Romanos 11:36
En el nuevo pacto, Jesús es el principio y el fin; es el Alfa y el Omega. Todas las cosas son de Él, por Él y para Él.
En el antiguo pacto, los hombres se salvan por su obediencia a los mandamientos o se pierden por su desobediencia.
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, mas tenga vida eterna. Juan 3:16
En el nuevo pacto, Dios toma todas las iniciativas. ¡Envia un Salvador!
Desciende del cielo en la persona de Jesucristo, salva a todos los hombres y mujeres de todos los tiempos y de toda la tierra. Muere por el pecado del mundo, resucita, se levanta en gloria, envía el Espíritu Santo de la vida e invita a los hombres, a todos los hombres y mujeres, a aceptar unirse a El espiritualmente en esta cruz para que puedan resucitar en él y con él, con una nueva vida.
Al considerar la Cruz, acepto la condena de Dios de una humanidad rebelde y sin futuro, de la que yo soy parte, y acepto la nueva vida ofrecida y compartida por el Resucitado al otro lado de esa cruz.
Esta resurrección experimentada por el Hijo de Dios hace dos mil años se convierte entonces en una realidad concreta para nosotros hoy, por el Espíritu Santo en el momento del nuevo nacimiento. No es un concepto religioso. En el nuevo nacimiento, tu ser interior recibe la vida de resurrección del Resucitado, justo después de haber aceptado la cruz, su significado y sus consecuencias para toda tu vida futura. Mueres voluntariamente renunciando a tu antigua vida y el Espíritu de Dios te hace nuevo de una nueva vida.
Toda buena dádiva y todo don perfecto viene de lo alto, desciende del Padre de las luces, con el cual no hay cambio ni sombra de variación. En el ejercicio de su voluntad, El nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que fuéramos las primicias de sus criaturas. Santiago 1:17-18
Todo esto es un regalo sobrenatural, un regalo perfecto, una excelente gracia, ofrecido gratuitamente a todos los que aceptan las buenas nuevas del Evangelio.
En el nuevo pacto, inaugurado por la cruz, la resurrección y la glorificación del Señor Jesucristo, Dios nos salva completamente. Está haciendo el trabajo. Salva y renueva todo nuestro ser. Nuestros espíritus vuelven a la vida. Nuestra alma, voluntad, inteligencia y sentimientos se renuevan y restauran gradualmente y por completo. Y los cuerpos de aquellos que no experimentarán el regreso de Jesucristo se levantarán gloriosos y eternos. Esto es lo que dice el Evangelio.
En el nuevo pacto, Dios construye su salvación en nosotros por medio de Su Espíritu Santo, por medio del Espíritu de Cristo en nosotros.
Por lo tanto, es posible leer el nuevo testamento de la Biblia, en y con el espíritu del antiguo pacto, considerando cualquier mandamiento: haber el sentir de Jesucristo, amar las cosas de arriba y odiar la de la tierra... como cosas que apelan a nuestras propias fuerzas y determinación.
O podemos leer el antiguo o nuevo testamento en y con el espíritu del nuevo pacto, es decir, considerando que Dios está trabajando en nosotros, por el simple hecho de que ya produce en nosotros este fuerte deseo de seguir Sus mandamientos, al mismo tiempo que nos da la capacidad. Él trabaja, creando la voluntad y la capacidad de hacer en este nuevo corazón, este nuevo espíritu que ha recreado. Es Su placer, porque este es el plan de salvación que ha preparado desde toda la eternidad, un plan destinado a hacer de los hombres, Su templo, una morada en espíritu.
Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios: que creáis en el que El ha enviado. Juan 6:28
¡La obra de Dios es que creas en Aquel que envió para hacer la obra en ti y a través de ti!
Ahora, al leer su Biblia, debes considerar los mandamientos como un espejo de la vida tal como se vive cuando uno está en Cristo, cuando uno es guiado por Su Espíritu.
Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, nuestra vida, sea manifestado, entonces vosotros también seréis manifestados con El en gloria. Colosenses 3:3-4
Este espejo refleja lo que realmente somos, ahora que estamos espiritualmente unidos con Cristo. Nuestra vida real está escondida en Cristo, pero aparece en el espejo. Y se supone que esta vida no debe permanecer oculta. Debe manifestarse cada vez más externamente.
Primero debemos ver lo que está oculto, nuestra verdadera cara, nuestra cara natural y luego conformarnos a ella. Los mandamientos nos muestran nuestro yo verdadero, nuestra nueva persona que ama a Dios con todo su corazón, alma y pensamiento. Los mandamientos describen la vida normal del hijo o hija de Dios guiado por el Espíritu Santo.
"No por el poder ni por la fuerza, sino por mi Espíritu"--dice el SENOR de los ejércitos. Zacarias 4:6
y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, Hebreos 12:1
¿No estamos invitados a poner los ojos en Jesús? Esto significa esperar continuamente y sólo de El para la transformación interior, para hacer en nosotros todo lo que la ley de Moisés no podría lograr: darnos un corazón alegremente dispuesto a seguir Sus caminos: caminar en los planes de Dios en pequeños detalles y grandes movimientos de nuestra vida diaria.
Jesús, por medio de Su Espíritu en nosotros, es nuestra verdadera vida. Es la fuente de nuestros deseos cuando confiamos en El y aceptamos los términos del nuevo pacto donde Él es todo en todos. El es la fuerza de nuestras decisiones tomadas en Él porque podemos hacer cualquier cosa por Aquel que nos fortalece. Y es la razón de toda nuestra vida, ya que estamos invitados a entrar en obras que El mismo ha preparado de antemano para que las practiquemos mientras hemos recibido el deseo y la capacidad.
¿Y la libertad en todo esto? ¿Y nuestro libre arbitro?
Pero el que mira atentamente a la ley perfecta, la ley de la libertad, y permanece en ella, no habiéndose vuelto un oidor olvidadizo sino un hacedor eficaz, éste será bienaventurado en lo que hace. Santiago 1:25
Jacques nos habla de la ley perfecta, de la ley de la libertad.
Esta ley es perfecta en el sentido de que da deseo y capacidad. La ley del antiguo pacto no tenía ningún poder para eso. En el antiguo pacto no hago lo que quiero hacer y hago lo que no quiero. No soy libre.
Porque sabemos que la ley es espiritual, pero yo soy carnal, vendido a la esclavitud del pecado. Porque lo que hago, no lo entiendo; porque no practico lo que quiero hacer, sino que lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero hacer, eso hago, estoy de acuerdo con la ley, reconociendo que es buena. Romanos 7:14-16
En el nuevo pacto, Dios razona nuestros deseos con Su luz y Amor y nos da la inteligencia para renunciar a caminos dañinos e insalubres, para elegir y seguir caminos que, aunque ciertamente los nuestros, son también suyos, inspirados y hechos poderosos por Su mera presencia en nosotros, excelentes para los demás y para nosotros mismos.
Es una ley perfecta que funciona para todos aquellos que toman como estilo de vida esperar en El para crear voluntad de hacer, para todos aquellos que tienen un corazón suficientemente contrito y lúcido como para reconocer su frialdad, su miseria, su inestabilidad , su cobardía y su incapacidad para complacer a Dios a través de los antiguos mecanismos y el poder muy limitado de la vieja naturaleza.
Es por eso que sólo el arrepentimiento, es decir, el deseo de dar la espalda a un estilo de vida que teníamos antes o una inclinación por la vieja naturaleza, sólo el arrepentimiento y la confianza en la obra de Cristo en nosotros es la puerta de entrada a la verdadera libertad.
Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, pues éstos se oponen el uno al otro, de manera que no podéis hacer lo que deseáis. Galatos 5:17
Anda, un poco de filosofía bíblica. Este texto básicamente dice que la libertad absoluta no existe. O somos guiados por la carne a hacer cosas detestables para los demás y para nosotros mismos en un clima de insatisfacción insaciable e inextinguible, o somos guiados por el Espíritu a hacer cosas magníficas por los demás y por nosotros mismos con como salario, alegría, paz y una inmensa felicidad desbordante de nuestros corazones. En ambos casos no hacemos lo que nos gustaría. No hay libertad real.
El ‘nosotros’, libre, está, de hecho, en el medio, en la elección de por quién o por lo que queremos ser dirigidos. Este "nosotros" solo necesita ser guiado hacia lo que es lo mejor para él.
En ambos casos, habrá uno que no tendrá voz, que no hará lo que quiera. Podemos elegir quién está al volante. El ‘nosotros’, guiados por el Espíritu. O el 'nosotros' impulsado por los viejos reflejos de la vieja naturaleza.
El Señor nos da inteligencia para ver que los dos caminos no son iguales. Uno conduce, a pesar de las apariencias muy engañosas, a una satisfacción transitoria seguida de una profunda insatisfacción duradera, a la tristeza y el disgusto, mientras que el otro sentido es la vida y la paz. ¿Quién elegiría voluntariamente un camino de dolor e insatisfacción a menos que se vea obligado a hacerlo.
pues uno es esclavo de aquello que le ha vencido. 2 Pedro 2:19
Por lo tanto, cuando leo la Palabra de Dios, antiguo o nuevo testamento, ya no veo mandamientos fuera de alcance que continuamente me sumergen en la condenación. Más bien, me miro en un espejo, lo que el nuevo hombre, Jesucristo, el último Adán es en mí y siempre producirá en mí en cuanto ponga mi confianza en su obra, para finalmente haberla entendido y creído, en la obra de Su Espíritu Santo en mí.
Por lo cual El también es poderoso para salvar para siempre a los que por medio de El se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos. Hebreos 7:25
Es en esto que él es un Salvador perfecto. Nos trae de vuelta a un Jardín del Edén para tomar la decisión y experimentar lo que Adán y Eva han perdido. En el nuevo nacimiento, esta vez fuimos guiados a elegir el árbol de la vida. Ya no necesitamos el árbol del conocimiento del bien y del mal y sus frutos indefensos.
Mas por obra suya estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual se hizo para nosotros sabiduría de Dios, y justificación, y santificación, y redención, 1 Corintios 1:30
Jesucristo en nosotros es este conocimiento activo y operativo del bien y del mal. El mismo se hizo para nosotros sabiduría, justicia, santificación y redención. El es todo en todos. Además, necesitamos a Jesús la cabeza tanto como Jesús el cuerpo, es decir, la Iglesia, nuestros hermanos y hermanas en Cristo. Hablaremos de eso en un futuro próximo.
Cuando simplemente seguimos las instrucciones del Espíritu Santo dentro de nosotros, cuando confiamos en Cristo y continuamente esperamos a que E produzca su vida, sus sentimientos, el deseo de caminar en su justicia y convertimos esos deseos desde nuestro espíritu unido con Su Espíritu, en acciones concretas en nuestra vida diaria, caminamos en el espíritu. Cada una de nuestras acciones impulsadas por la vida y la morada de Cristo en nosotros a través de la fe, nos conduce a más acciones cada vez más concretas en la tierra y a una comunión cada vez más profunda con El. No olvidamos más quiénes somos.
Somos un poco como una pipa continuamente atravesada por una corriente de vida divina que brota de un manantial inagotable para regar un macizo de flores, un mundo enfermo, seco y sediento. Por lo tanto, seguimos llenos, en cuanto por un lado el manantial no está bloqueado y por otro lado si la punta de riego tampoco no está obstruida, dispuesta a regar generosamente todo lo que está a su alcance.
Es en la práctica que conocemos, que experimentamos este agua viva que pasa a través de nosotros, y vigorizándonos de paso, brota a través de todos los extremos de nuestros comportamientos voluntarios en gotas, arroyitos, arroyos, ríos de amor, de bondad, de paciencia, de dulzura, de bondad, de fidelidad, de autocontrol, de pureza, de perdón, de misericordia, de generosidad, de empatía, de poder, de sanación, de liberación, de sabiduría, de inteligencia, de ciencia, manifestando a través de nuestra personalidad única, toda soleadas por las virtudes de Jesucristo, las obras que Dios ha preparado de antemano para nosotros!
Pero el que mira atentamente a la ley perfecta, la ley de la libertad, y permanece en ella, no habiéndose vuelto un oidor olvidadizo sino un hacedor eficaz, éste será bienaventurado en lo que hace. Santiago 1:25
Quien se vuelva un hacedor dice Santiago es feliz en su actividad.
Pues estas virtudes, al estar en vosotros y al abundar, no os dejarán ociosos ni estériles en el verdadero conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. 2 Pedro 1:8
Acuérdate.
Cuando lees ‘Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús’: entiende, cree, acepta, pide, espera pacientemente en el Espíritu Santo y confía en El para convencerte, (lo que sabe hacer maravillosamente), para que te impregna de esta fe especial y revelada de que Cristo está trabajando en ti, por medio de su Espíritu y de Su Palabra Viviente, para producir su propio sentir y hacer que su sol brille sobre tu vida y reflexionando sobre las de los que te rodean.
Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Filipenses 4:13
Entonces descubres que puedes hacer cualquier cosa a través de Aquel que te fortalece. Cristo que vive en nosotros a través de Su Espíritu es VIDA. Es el CAMINO.
Cuando leas cualquier mandamiento, cualquier instrucción en la Palabra de Dios, véala como un reflejo de lo que Cristo ya está en ti, de lo que ha comenzado y seguirá produciendo en ti, de progreso en progreso, para los demás.
estando convencido precisamente de esto: que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús. Filipenses 1:6
Y que el mismo Dios de paz os santifique por completo; y que todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea preservado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará. Tesalonicenses 5:23
La vid no come uvas. Lo produce para otros. Su gloria y placer, y ella lo expresa en palabras sino en ramas que se doblan bajo el peso del fruto para finalmente ver todos sus frutos recogidos para el deleite de los codiciosos.
En esto es glorificado mi Padre, en que deis mucho fruto, y así probéis que sois mis discípulos. Juan 15:8
Estamos llamados a dar mucho fruto porque así es como el Padre es glorificado. Así que es la voluntad del Padre. Y dar fruto no es el resultado de agotantes esfuerzos de la rama sino la consecuencia natural de cualquier árbol lleno de savia y de vida.
Esto es lo que Jesús es para nosotros, un árbol lleno de vida y somos sus ramas destinadas a llevar mucho fruto. Es esta vida la que el Espíritu Santo nos comunica si la esperamos de El. Jesús es la vid y nosotros somos los pámpanos, las ramas. El Espíritu Santo es la savia que la vid desemboca en la rama. Creemos en El, siempre, todo el tiempo, ahora mismo y en el minuto que le seguirá.
El poder bajo la oración respondida 1/2
El 23/07/2026
¿Conoces esta preciosa verdad, esta verdad oculta que multiplica el poder de todas las oraciones que suben al Padre, en el nombre de Jesucristo?
Es una verdad invisible, oculta a los ojos, pero tremendamente poderosa para aquel o aquella que la conoce y la mantiene presente en la mente mientras ora a Dios.
Aquí está esa verdad:
Si estamos atravesando el valle de la enfermedad, el sufrimiento, la carencia o el malestar, estamos experimentando una injusticia ilegal porque, en verdad, "judicialmente", legalmente, según las leyes del reino de Dios, ya estamos sanados.
Las ofensas que, como creemos, nos mantienen alejados de la presencia de Dios y, por lo tanto, de Su intervención en nuestro sufrimiento, estas ofensas, nuestras ofensas, han sido legalmente, "judicialmente" perdonadas, borradas y olvidadas por Dios desde hace más de 2000 años, según las leyes del Reino.
Esta poderosa verdad debe estar presente en nuestros pensamientos mientras oramos porque es esta verdad la que impulsa, como un cohete, cada oración hasta el trono de Dios.
Dios nunca actuará según nuestros méritos, ya que no tenemos ninguno. Siempre actúa según esta verdad que necesitamos conocer.
El conocimiento de esta verdad desencadena el milagro, la respuesta a la oración. Esto es lo que hace decir a Jesús: 'Ve, tu fe te ha salvado'.
Aquí hay cinco textos que revelan el principio, textos que podemos leer y declarar en voz alta, para recordarlos tan a menudo como sea posible en nuestra memoria.
Estos son textos legales que presentarás como abogado mientras oras al Señor.
Es el Señor quien los hizo escribir para nosotros, en la Biblia, para que nos apoyemos en ellos cuando oramos, para que no sintamos que estamos pidiendo cosas que Él nunca tuvo la intención de conceder. De hecho, es el propio Señor quien nos da a conocer la existencia de estas cosas para que se las pidamos.
Es mediante esta verdad que Dios puede, con toda justicia, hacer descender hoy sobre la tierra las potencias invisibles del Reino de Dios, aquellas que ya te han sanado y liberado.
Primer texto:
Isaías 53:4 - Ciertamente él cargó con nuestras enfermedades y soportó nuestros dolores, pero nosotros lo consideramos herido, golpeado por Dios y humillado.
Él fue traspasado por nuestras rebeliones y molido por nuestras iniquidades.
Sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz y gracias a sus heridas fuimos sanados
Está hecho.
El castigo que nos da paz ha caído. Cayó de una vez por todas. Y este castigo que cayó sobre otro nos da algo.
Gracias al que fue golpeado, todos tienen el derecho legal de recibir el shalom porque es la palabra hebrea que se tradujo en nuestras biblias como 'paz'. Sin embargo, shalom significa más que paz porque como muchas palabras hebreas que son ricas en significado y tienen un significado extendido, shalom significa:
Estado completo, bienestar, serenidad, salud, prosperidad, solidez del cuerpo, paz, tranquilidad.
Todo eso está en el shalom que el Señor Jesús compró para nosotros al morir en la Cruz. Tan cierto como que Jesús murió, tan cierto, tienes el derecho legal de recibir shalom, ahora mismo.
El castigo sufrido por el Señor Jesús no tenía otro propósito. A través de la muerte y las heridas de Jesús, ya estás sanado. Y esta verdad invisible desciende y se materializa en el mundo físico para cualquiera que ore, abogando ante Dios con esta verdad clara ante sus ojos.
Segundo texto:
Juan 19:30 - Al probar Jesús el vinagre, dijo: Todo se ha cumplido. Luego inclinó la cabeza y entregó el espíritu.
Todo se ha cumplido. Estas son las últimas palabras de Jesús en la cruz. No hay nada que agregar, eso es lo que significa. No se necesita mérito personal para recibir shalom. Ninguna buena acción humana puede hacernos merecedores de alguna respuesta a la oración. El castigo que cayó es la única base legal sobre la cual el amor y la compasión de Dios se apoyan para prodigarnos Su shalom, apretado, sacudido y desbordante.
Desde el día de su resurrección, Jesús, que ahora está muy vivo, derrama sobre cualquiera que se aferre a esta verdad la increíble y beneficiosa consecuencia de este castigo. Todos los beneficios del shalom, adquiridos a un alto precio en esa terrible cruz, son para nosotros que comprendemos el inmenso alcance de esa cruz.
Tenemos derecho, ¡derecho! a experimentar por nosotros mismos y pedir para otros lo que ya está 'en stock' en lo invisible para todos: perdón, sanidad, bienestar, paz y prosperidad. Todo ya está allí. Solo tenías que mirar y entender lo que sucedió en la cruz. La cruz es el testimonio sangriento de que ya estás sanado, bendecido, y que nuestras ofensas a todos han sido borradas.
Por lo tanto, legalmente, a través de Jesús, ahora tenemos paz con Dios. Entendamos lo que Cristo estaba haciendo en esa cruz asesina: nos reconcilió con este Dios al que conocemos tan poco. A través de esta cruz, Dios ya no está enojado ni nos castiga por nuestras ofensas porque ya se ha enojado y ya ha castigado a Aquel que se ofreció por amor a nosotros. No hay doble pena. No habrá doble pena. El castigo que nos da paz, que nos da shalom, cayó sobre Jesús y eso nos abre todas las puertas de la felicidad.
Tercer texto:
Juan 11:40 - ¿No te dije que si crees verás la gloria de Dios? —le contestó Jesús
La fe es necesaria, pero no se necesita una gran fe. Un grano de mostaza es suficiente. Y el grano de mostaza es haber escuchado y conocido que Jesús fue al castigo en nuestro lugar, solo para que podamos recibir hoy perdón, sanidad, bienestar moral y físico, y prosperidad.
Si lo has entendido, tienes el grano de mostaza de fe necesario. No trates de traer algo más. Ahora puedes orar con confianza apoyándote en esto. Solo necesitabas saber y entender que el derecho 'legal' de recibir todo te fue dado por Jesús, que se entregó por todos nosotros. ¡Entonces, pide ahora, sobre esta base sólida!
Cuarto texto:
Salmos 103:2 - Alaba, alma mía, al Señor y no olvides ninguno de sus beneficios.
Él perdona todos tus pecados y sana todas tus dolencias;
él rescata tu vida del sepulcro y te corona de gran amor y misericordia;
No hay enfermedad que el Señor no haya aniquilado en la cruz. Por sus heridas, ha sanado TODAS las enfermedades. No descenderás al sepulcro.
No hay pecado que el Señor no pueda perdonar. Estos son los beneficios que emanan de la cruz. Estas leyes benevolentes desencadenadas en la cruz siguen vigentes incluso si la ejecución del decreto tuvo lugar en el Calvario hace dos mil años.
Quinto texto:
1 Corintios 1:18 - El mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden; en cambio, para los que se salvan, es decir, para nosotros, este mensaje es el poder de Dios.
El mismo poder que resucitó a Jesús al tercer día está presente en esta verdad del castigo que nos da paz y este poder actúa ahora en ti que crees.
Hay suficiente poder en esta verdad oculta y aún más.
El Hijo de Dios sufrió y, con toda justicia, hoy recibimos paz, perdón y sanidad de todas nuestras enfermedades. Solo queda mantener los ojos de nuestros pensamientos fijos en Jesús crucificado. A través de la cruz, ya estamos perdonados, sanados, y para aquellos que han comprendido y aceptado esta verdad y se aferran a ella, el Señor dice ‘¡Ve! Que todo suceda tal como has creído’ o 'tu fe te ha salvado'.
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