Que el Dios de paz los santifique por completo, y que todo su ser —espíritu, alma y cuerpo— sea conservado irreprochable para la venida de nuestro Señor Jesucristo.
1 Tesalonicenses 5:23 (NVI))
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Que el Dios de paz los santifique por completo, y que todo su ser —espíritu, alma y cuerpo— sea conservado irreprochable para la venida de nuestro Señor Jesucristo.
1 Tesalonicenses 5:23 (NVI))
Que el Dios de paz los santifique por completo, y que todo su ser —espíritu, alma y cuerpo— sea conservado irreprochable para la venida de nuestro Señor Jesucristo.
1 Tesalonicenses 5:23 (NVI))
Dios es Espíritu y creó al hombre a su imagen. El hombre, por tanto, es también un espíritu, a imagen de su Creador: un espíritu con un alma en un cuerpo.
El espíritu se convierte en la morada del Espíritu Santo en el nuevo nacimiento, porque al unirnos a Dios llegamos a ser con Él un solo espíritu. Que el Señor nos conceda la gracia de medir bien la inmensidad de esta verdad y las consecuencias extraordinarias y transformadoras de esta verdad revelada en nuestra existencia terrenal.
El que se une al Señor es un solo espíritu con él.
1 Corintios 6:17 (NVI)
Dios es Espíritu, y es en el espíritu humano donde el Espíritu Santo viene a hacer habitar a Cristo resucitado: Aquel que murió en la cruz del Gólgota hace 2000 años. No hay ni habrá jamás otro Cristo que no sea el que murió una sola vez y resucitó para siempre. Este proceso por el cual Cristo viene a habitar en nuestro corazón también se llama el nuevo nacimiento. Dios no viene a habitar en nuestra alma. No es ella la que nace de nuevo, sino nuestro espíritu.
En él también ustedes son edificados para ser morada de Dios por su Espíritu.
Efesios 2:22 (NVI)
El texto de introducción de este artículo es una oración: que el Dios de paz santifique nuestro espíritu, nuestra alma y nuestro cuerpo.
Antes del nuevo nacimiento, el espíritu del hombre está sin vida. En algunos es poco activo; en otros, muy activo por todo tipo de intuiciones fugaces. Para otros aún, el espíritu está deliberadamente en contacto con el mundo espiritual (el mundo de los espíritus). Y se puede clasificar a estos en dos grupos: los que creen comunicarse con fuerzas o seres de luz benevolentes sin conocer la verdadera naturaleza de esas criaturas o fuerzas, y los que, abiertamente, saben con quién han pactado.
Y no es de extrañar, ya que Satanás mismo se disfraza de ángel de luz.
2 Corintios 11:14 (NVI)
Nuestra alma es la sede de nuestra personalidad: una personalidad que se construye y se afina a lo largo de la existencia, primero por los genes y la herencia, luego por la educación, el entorno familiar positivo o negativo, por nuestras relaciones y su influencia, por el conocimiento que adquirimos y por todas las decisiones personales que tomamos. La inteligencia, la memoria, las emociones, nuestros pensamientos, los sentimientos y la voluntad: todo eso es nuestra alma.
El alma está constante y directamente impactada por el mundo exterior. Se alimenta de las cosas del mundo exterior, del mundo terrenal, apoyándose principalmente en el testimonio de los sentidos del cuerpo: el oído, la vista, el gusto, el olfato y el tacto. El alma acumula, filtra, retiene o rechaza una multitud de informaciones y va forjándose su concepción, su propia idea del mundo exterior. Así va trazando, con mayor o menor sabiduría y discernimiento, el camino de su vida.
El cuerpo es la envoltura, la casa en la que todo esto reside. Está dotado de miembros que perciben y sienten, pero también transforman este mundo, lo modelan según las instrucciones que les da el alma. Tiene apetitos y características propias que impactan al alma, como el hambre, la sed, el calor, el frío, el ruido, el silencio, el deseo, el cansancio y muchas otras cosas más.
La Biblia nos enseña que antes del nuevo nacimiento somos almas vivientes en un cuerpo. El espíritu está sin vida porque no tiene la vida de Dios; por eso está muerto a causa de las ofensas y del pecado.
Ustedes estaban muertos en sus transgresiones y pecados.
Efesios 2:1 (NVI)
El hombre carnal o natural es un alma que vive en un cuerpo cuyo espíritu está separado de la vida divina. Algunas versiones de la Biblia traducen al hombre carnal/natural como “hombre entregado a sí mismo”, lo cual describe bien esta realidad del ser humano viviendo únicamente por su alma, aunque, como decíamos, algunos reciben intuiciones que proceden del espíritu. Pero ellos no caminan guiados por su espíritu, sino por los estímulos del mundo exterior y por la voluntad de sus pensamientos y de sus apetitos. El espíritu no es el centro de control del hombre carnal.
El cuartel general de todas las decisiones para el hombre natural es el alma. Y esto desde que el pecado separó a Adán de Dios. Fue en ese momento cuando el ser humano se convirtió en un alma viviente, mientras que antes de su desobediencia era un espíritu unido a Dios, dotado de un alma magnífica en un cuerpo perfecto: todo en perfecta simbiosis y armonía. Era un ser completo. Él y sus descendientes se convirtieron en almas vivientes. Ese es el sentido de este texto:
El primer hombre, Adán, se convirtió en un ser viviente; el último Adán, en un espíritu que da vida.
1 Corintios 15:45 (NVI)
En el nuevo nacimiento, el espíritu cobra vida porque el Espíritu Santo, el Espíritu de vida, viene a habitar en él. Todas las cosas se hacen nuevas… de manera integral y plena para el espíritu, y en parte para el alma.
Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!
2 Corintios 5:17 (NVI)
Y la primera novedad es que el alma pierde el “derecho legal” que siempre tuvo y ejerció hasta ese momento: el derecho de ser la gran jefa que decide todo. Ya no está sola. Juntos, el espíritu y el alma van a retomar el gobierno de tu vida: juntos, por un lado el espíritu vivificado, hecho un solo espíritu con el Espíritu de Dios; y por otro lado el alma iluminada y rehecha conforme a la imagen de quien realmente eres por dentro.
Creados a imagen de Dios que es Espíritu, eres un espíritu único: una personalidad magnífica dotada de un alma, de una personalidad única, y de un cuerpo que sigues siendo libre de dirigir como quieras. Al aceptar a Cristo, el Buen Pastor, tienes la seguridad de ser bien conducido, bien aconsejado, porque Él conoce el camino que te conviene más: aquel en el que te espera un pleno desarrollo; y desde tu espíritu, Él te conducirá por el camino de la verdadera felicidad que tu alma está destinada a saborear con gusto a pesar de las pruebas y dificultades externas.
En tu nuevo nacimiento nace una vida nueva, profunda, porque hunde sus raíces en el Reino sobrenatural de Dios: una nueva vida con recursos inagotables e infinitos, y esto a causa de la unión extraordinaria de tu espíritu con el Espíritu de Dios. Al unirte a Dios, te has hecho un solo espíritu con Cristo, como ya lo vimos.
Nuestro espíritu ha resucitado, ha sido devuelto a la vida; y más aún: aprendemos que está sentado en los lugares celestiales en Cristo Jesús.
Y en unión con Cristo Jesús, Dios nos resucitó y nos hizo sentar con él en las regiones celestiales.
Efesios 2:6 (NVI)
Es una realidad invisible, inaccesible a nuestros cinco sentidos. Es decir, no podemos sentir, ver u oír que nuestro espíritu, en Cristo, está sentado en un trono por encima de todo dominio, de toda autoridad, de todo poder, de toda dignidad y de todo nombre. Nuestro espíritu está sentado en el trono porque está unido, porque es una misma planta con Aquel que está sentado en el trono a la derecha del Padre.
Si hemos nacido de nuevo, estamos sentados con Cristo y compartimos con Él, y en nuestra unión con Él, una posición de autoridad absoluta por encima de todo. Somos llamados a reinar en vida por Jesucristo, Él solo. Eso es lo que dice el versículo siguiente:
Pues si por la transgresión de un solo hombre reinó la muerte, ¡cuánto más reinarán en vida los que reciben en abundancia la gracia y el don de la justicia por medio de un solo hombre, Jesucristo!
Romanos 5:17 (NVI)
El poder de este reinado pertenece a Jesucristo, quien nos ha unido a Él y hace fluir desde nuestro espíritu los torrentes de su vida imperecedera para bendecir al mundo que nos rodea y, al mismo tiempo, colmarnos a nosotros. La manguera que riega es la primera en quedar completamente llena de agua.
Pero aquí está el punto: entre nuestro espíritu y este mundo terrenal están nuestra alma y nuestro cuerpo. ¿Dejarán pasar el flujo divino?
La vida de Jesús de Nazaret, nacido milagrosamente del Espíritu Santo y de una mujer virgen llamada María, demuestra que esto es posible. La Palabra divina y creadora se despojó de sus atributos divinos y se hizo carne; vino a la tierra en la forma de un simple hombre (Filipenses 2:7) llamado Jesús, quien demostró que un simple hombre, nacido del Espíritu, guiado por el Espíritu de Dios y lleno del Espíritu de Dios, puede —en sumisión al Padre— vivir una vida fuera de lo común y realizar obras sobrenaturales, asombrosas: haciendo siempre el bien, mucho bien; sanando, resucitando, animando, consolando, instruyendo, liberando.
En amor nos predestinó para ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo, según el buen propósito de su voluntad.
Efesios 1:5 (NV
Jesús es el Hijo único de Dios, el primogénito de la antigua y de la nueva creación. El Padre celestial quiso que en todo Él fuera el primero.
La antigua creación
Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación,
porque por medio de él fueron creadas todas las cosas en el cielo y en la tierra, visibles e invisibles; tronos, poderes, principados y autoridades. Todo ha sido creado por medio de él y para él.
Él es anterior a todas las cosas, que por medio de él forman un todo coherente.
Colosenses 1:15–16 (NVI)
La nueva creación
Él es la cabeza del cuerpo, que es la iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, para ser en todo el primero.
Colosenses 1:18 (NVI))
Toda la antigua creación fue juzgada y llevada a la muerte en la cruz por Jesucristo, el último Adán; por eso, cuando resucita, se convierte en el primogénito de entre los muertos. En la resurrección surge el primero de una nueva creación, de una nueva humanidad.
Por el nuevo nacimiento, nos convertimos —por adopción— en los otros hijos del Padre, las criaturas de esta nueva creación, los hermanos de Jesucristo. Sorprendente, ¿verdad? Incluso se dice que Jesús no se avergüenza de llamarnos hermanos, de los cuales Él es el mayor.
Gálatas 4:4–5 (NVI)
Pero cuando se cumplió el plazo, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, a fin de que fuéramos adoptados como hijos.
Romanos 8:29 (NVI)
Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.
Hebreos 2:11 (NVI)
Tanto el que santifica como los que son santificados tienen un mismo origen. Por eso Jesús no se avergüenza de llamarlos hermanos.
El que santifica es Jesús. Los que son santificados por Jesús son los cristianos. Y todos proceden de uno solo: de Dios. Jesús es el primer hombre nuevo de esta nueva humanidad que vivirá por los siglos de los siglos: el primer hombre que ha revestido la perfección divina en un cuerpo semejante al nuestro en todo, llevando la plenitud de la naturaleza divina en un cuerpo humano, después de haber pasado por la muerte y la resurrección.
Colosenses 1:19 (NVI)
Porque a Dios le agradó habitar con toda su plenitud en él.
Y nosotros somos sus hermanos, del mismo Padre. El mérito no tiene nada que ver en todo esto.
Nos hemos convertido en herederos de este gran Rey, llamados a vivir por la eternidad en la Gloria, después de la resurrección, en un cuerpo humano portador de la plenitud de la divinidad, en Él, en Cristo: una vida apasionante, infinitamente creativa, siempre e infinitamente renovada; una vida en la belleza y el amor, donde el asombro es constante, la plenitud desbordante, donde el aburrimiento ya no existe, donde cada personalidad tiene su lugar, donde cada uno está saciado, saciado de verdad, plenamente feliz y eternamente rebosante de vida.
Nuestro espíritu ya se baña en esos poderes del siglo venidero, pero nuestra alma y nuestro cuerpo están en la tierra. Todo el que está en Cristo tiene su espíritu ya “sentado” en los lugares celestiales, a la derecha del Padre, Creador del universo visible e invisible y de todas sus maravillas.
Esto es verdad en este mismo instante en que lees estas líneas u oyes estas palabras, aunque no lo veas ni lo sientas. Sin embargo, tu espíritu percibe todas estas cosas que lees u oyes porque tu espíritu tiene un miembro. Y ese miembro es la fe. Con la fe, de algún modo “ves” las cosas de las que acabo de hablar. Es tu fe en la Palabra de Dios la que afirma realidades invisibles y tan reales.
Estamos tan acostumbrados a sentirnos entusiasmados solo por lo que ven nuestros ojos, que acabamos de leer o escuchar las cosas más extraordinarias que se pueden oír, las más verdaderas que se pueden proclamar, sin quizá sentir emoción alguna.
¡No hay nada sorprendente! El entusiasmo, la emoción, son manifestaciones del alma, y el alma no está conectada directamente con Dios. Nuestro espíritu sí lo está.
Y así es como funciona: cuando nuestra fe —que es el órgano del espíritu—, cuando nuestra fe iluminada capta estas verdades escondidas, cuando un misterio es revelado, cuando uno de esos tesoros espirituales que nos esperan se manifiesta, nuestro espíritu fortalecido hace las veces de ojo para el alma y empieza a comunicarle la realidad de lo que ve, con más fuerza que los ojos físicos o los oídos físicos. Entonces nuestra alma reacciona: se conmueve, porque la emoción es su función, y un torrente de gratitud, de gozo, de asombro, de admiración brota del corazón. En ese caso, el alma no ha sido guiada, como de costumbre, por el testimonio de los sentidos físicos, sino por el testimonio del espíritu mediante los “ojos” de la fe.
Es en este proceso donde los cantos y la alabanza en la iglesia se convierten en una verdadera adoración en espíritu, más que ejercicios religiosos, rituales forzados o palabras pronunciadas apenas con los labios. Es el corazón —o si prefieres, el alma— animada e iluminada por el Espíritu, la que canta en verdad y hace subir al cielo un perfume espiritual puro.
Colosenses 3:16 (NVI)
Que habite en ustedes la palabra de Cristo con toda su riqueza; instrúyanse y amonéstense unos a otros con toda sabiduría, canten salmos, himnos y canciones espirituales a Dios, con gratitud de corazón.
Lo has entendido: nuestro espíritu necesita alimento y fuerza ahora. Nos hemos acostumbrado tanto a funcionar por el alma. El espíritu lleva tanto retraso frente a esta alma sobreentrenada desde el primer día de nuestro nacimiento.
Y alimento y fuerza estás recibiendo ahora mismo al escuchar o leer estas líneas. Los recibimos cada vez que escuchamos la Palabra de Cristo y aceptamos su mensaje sencillo. No hay necesariamente sensaciones o impresiones. Nuestro espíritu se fortalece. Eso es todo. ¿No tienes la impresión de estar comiendo en este instante?
Nuestro espíritu es un recién nacido. Le hará falta tiempo y ejercicio, y nuestra alma debe aprender a funcionar con él para poder tomar las riendas de una vida sabia, lograda y fructífera.
Colosenses 2:2 (NVI)
Mi propósito es que cobren ánimo en la intimidad del amor, y que sean plenamente enriquecidos en el pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios, es decir, Cristo.
En él están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.)
Nuestro espíritu, habitado por el Espíritu de Cristo, es la morada de todos los conocimientos y de la inteligencia, la fuente de todas las virtudes y del amor que sobrepasa todo entendimiento. Está unido a Cristo; ya lo tiene todo plenamente y en abundancia. Pero necesita fortalecerse para hacer descender todo eso al alma. Y el alma debe dejar de querer controlarlo todo.
El hombre hecho, cumplido (el que ha entrado plenamente en esta revelación de su unión con Cristo) es aquel cuya alma y luego su cuerpo se armonizan con el espíritu. Los que son guiados por el Espíritu de Dios insuflan, comunican al alma las instrucciones del camino a seguir. El poder de Dios está a disposición del espíritu (nuestro espíritu humano) para hacer fluir, si el alma se ha vuelto perfectamente cooperadora y cuando sea necesario, todas las riquezas inagotables y sobrenaturales del Reino de Dios.
Mantengámonos confiados en el Espíritu Santo para guardarnos unidos a la Vid, a Aquel cuya vida no deja de fluir en nosotros ni un instante. Cuando el alma deja de oponerse cuando el espíritu habla, progresa de avance en avance, caminando por fe, creyendo, declarando, tomando decisiones inspiradas y actuando según lo que dice la Palabra de Dios, aunque sea invisible a nuestros sentidos humanos.
Pero ¿cómo habla el espíritu? ¿Cómo reconocer su voz?
El espíritu comunica más rápido que con palabras y sin palabras. Envía tranquilamente, suavemente, en una fracción de segundo, una comprensión, una convicción, una dirección, una imagen completa. A la mente/alma le habría tomado horas y largos discursos desplegar apenas una cuarta parte de lo que se establece en un instante. Ese es el modo de comunicación más común de nuestro espíritu: su manera viva de hablarnos. Comunica un conocimiento vivo e instantáneo que el alma a menudo tarda en digerir y asimilar correctamente. Esa comprensión o convicción nunca está en contradicción con los principios de la Palabra de Dios; si lo está, no viene del Señor. Es bueno saberlo, porque necesitamos probar los espíritus por la Palabra escrita, ¡incluso el nuestro!
1 Juan 4:1 (NVI)
Queridos hermanos, no crean a cualquiera que pretenda estar inspirado por el Espíritu, sino sométanlo a prueba para ver si es de Dios, porque han salido por el mundo muchos falsos profetas.
La vida, el deseo y la capacidad vienen al mismo tiempo que esa comprensión o convicción repentina y casi imperceptible. Y el alma bien instruida, que no mete “su granito de sal” interponiéndose, pasa inmediatamente a la acción, en hechos o en palabras. Lo vemos con Felipe el evangelista. Observa el poco tiempo entre el momento en que Dios le da la directiva y el momento en que la ejecuta. Apenas toma conocimiento, ¡actúa enseguida! Acción, reacción, como se dice.
Hechos 8:26 (NVI)
Un ángel del Señor le dijo a Felipe: «Levántate y vete hacia el sur, por el camino que baja de Jerusalén a Gaza», que es un camino desierto. Felipe se levantó y se fue.
Hechos 8:29 (NVI)
El Espíritu le dijo a Felipe: «Acércate y júntate a ese carro». Entonces Felipe se acercó de prisa…
Romanos 12:2 (NVI)
No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.
Un trabajo más o menos largo de renovación del entendimiento (del alma) comenzó en nuestro nuevo nacimiento, para que el alma deje de interponerse al Espíritu, por su ignorancia de los principios del evangelio y por sus recursos tan limitados.
Estemos atentos, estudiemos a lo largo de las semanas, de los meses, de los años que vienen; oremos y pidamos al Señor, al Espíritu Santo, nuestro Amigo Supremo, que nos guíe por este camino. Él es quien revela al espíritu del hombre las cosas que Dios ha preparado para los que lo aman, para conducir al alma por el camino.
Sin embargo, hay que permanecer vigilantes en un punto: tu progreso corre el riesgo de ser continuamente ralentizado y a veces temporalmente detenido por una de las armas más eficaces y radicales del enemigo (o a menudo simplemente por nosotros mismos): la mala conciencia y/o el abandono pasivo al sentimiento de condenación.
Hay que resolver y cerrar este problema definitivamente mediante una enseñanza sana y una comprensión firme de las leyes y principios del evangelio. Comprendamos y permanezcamos firmes en este principio primero: que ya no hay jamás condenación de parte de Dios sobre la vida de aquel o aquella que ha nacido de nuevo. Es la base de una vida cristiana alegre, pacífica y victoriosa. Te animo a leer los artículos de este blog:
¿Eres tú bueno(a) cristiano(a)?
¿Es pecado el que nos aleja de Dios?
Ora, repasa esta verdad dentro de ti mismo; confía en la vida de Jesucristo en ti, hasta que el Señor te haya convencido definitivamente de que Él no es injusto al no condenarte ya ¡NUNCA más!
Entonces podrás, sin ser continuamente interrumpido, avanzar de progreso en progreso en la unión a la Vid vivificante.
Comprendamos que Él y nosotros estamos trabajando para rehacer nuestra alma, para que camine mano a mano con nuestro espíritu unido al Espíritu de Dios, y que Dios nos da el tiempo de una vida para tomar nuestra herencia. ¡Hace falta tiempo para formar reinas y reyes que reinen en vida por Jesucristo, Él solo!
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Sed hacedores de la palabra y no solamente oidores que se enganan a sí mismos. Porque si alguno es oidor de la palabra, y no hacedor, es semejante a un hombre que mira su rostro natural en un espejo; pues después de mirarse a sí mismo e irse, inmediatamente se olvida de qué clase de persona es.
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Este hombre (hombre o mujer) que olvida quién es justo después de mirar en el espejo, podría ser tú o yo, si no somos insruidos. ¿Quiénes somos?
Todo lo que sigue será totalmente ininteligible si no has nacido de nuevo. Si no estás seguro(a) en tu corazón de que naciste de nuevo, sepa y tenga la seguridad de que Jesucristo fue encarnado milagrosamente, por una operación sobrenatural del Espíritu de Dios en una mujer que no había conocido a un hombre, que murió, resucitó y ascendió a la gloria, de donde había venido, para enviar su Espíritu de vida. Con esto, ha completado con éxito una obra completa, cuyo significado ha permanecido oculto durante mucho tiempo y que, en los últimos tiempos, se revela, descrito a lo largo de la Biblia, una obra completa cuyo objetivo final es que pueda habitar y reinar en el corazón de hombres (hombres y mujeres). Es esta vivienda la que comienza el día en que nacemos de nuevo.
Por lo tanto, el nuevo nacimiento no es un privilegio reservado a unos pocos, sino el deseo de Dios por todos. Vino en la persona de Jesucristo para que TODOS sean salvos, entendéis por salvos, para que todos se conviertan en una morada de Cristo en espíritu para formar juntos el cuerpo de Cristo en la tierra y por la eternidad. El espera que simplemente lo invites a convertirle en el Señor de toda tu vida hoy. Si quieres saber más sobre el nuevo nacimiento, te invito a leer De creyente a nacido de nuevo.
El día que nacimos de nuevo, ocurrió un milagro interior e invisible. Hemos sido espiritualmente cortados del árbol de la humanidad rebelde y hemos sido injertados, por la acción sobrenatural del Espíritu Santo, a una nueva humanidad inaugurada por Jesucristo, el primogénito de esta nueva generación, exactamente de la de la misma manera que se cortaría la rama fructífera de un árbol, para injertarla en otro árbol más vigoroso.
A partir de este momento, la savia, la vida, la naturaleza de este otro árbol comienza a circular y a vigorizar la rama injertada. Lo mismo ocurre en el nuevo nacimiento. La vida divina comenzó a fluir hacia nosotros. Los efectos no son inmediatamente evidentes, pero poco a poco, la rama comienza a mostrar un nuevo vigor y producir frutas nuevas y sabrosas. Dentro, en nosotros, sabemos, todo ha cambiado al instante. Pero los cambios en el exterior se manifiestan gradualmente en nuevos gustos, nuevas reacciones, acciones y nuevas dolencias.
De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas. Y todo esto procede de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por medio de Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación, 2 Corintios 5:17
por medio de las cuales nos ha concedido sus preciosas y maravillosas promesas, a fin de que por ellas lleguéis a ser partícipes de la naturaleza divina, habiendo escapado de la corrupción que hay en el mundo por causa de la concupiscencia. 2 Pedro 1:4
En el nuevo nacimiento, recibimos una nueva naturaleza que se convierte en nuestra vida natural. Somos ahora participantes de la naturaleza divina.
Y cuando leemos o escuchamos la Palabra de Dios, la Biblia, es como si nos miramos en un espejo, el rostro de esta nueva naturaleza, cómo se ve, cómo se supone que se parece. Sólo otros pueden vernos. No podemos vernos a nosotros mismos excepto a través de un espejo. Y la Biblia actúa como un espejo.
Cuando la leemos, vemos la descripción de lo que nos hemos convertido internamente y que somos llamados a manifestar externamente.
haced completo mi gozo, siendo del mismo sentir, conservando el mismo amor, unidos en espíritu, dedicados a un mismo propósito. Filipenses 2:2
Francamente, ¿sería en nuestro poder, por la fuerza de nuestra voluntad ser un mismo sentir, un mismo amor, un mismo pensamiento con nuestros hermanos y hermanas en Cristo? ¿Realmente creen que este es un mandamiento adicional que debemos esforzarnos por aplicar?
Lo que se describe aquí no es una cuestión de voluntad. Espero que no sigas engañándote sobre esto. Puedes hacer esfuerzos para acordarte con tu hermano o hermana, puedes esforzarte por perdonar, olvidar las ofensas, para ser paciente, para mantener tu lengua en una restricción, para pensar primero en sus intereses ante el tuyo, para mostrar actos de amor. Sí, puedes intentar hacer muchas cosas. Pero ser del mismo sentir, amor, un pensamiento con ellos.......
Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.. Colosenses 3:2
En esta traducción de la Biblia, la palabra griega ‘phroneo’ ha sido traducida por ‘poner la mira en’. El verdadero sentido de ‘phroneo’ es mucho mas que eso. Otras lenguas (francés, inglés y puede ser otras) lo tradujeron por sentir cariño para, querer lo que se acerca más del sentido real. Amáis, tengáis cariño, afecto para las cosas de arriba y no para las de la tierra.
De todas formas, muchos de nosotros leemos este texto de la siguiente manera: Esfuérzate a las cosas de arriba, a adorar, orar, a leer diariamente la palabra y private de todo lo que hay en el mundo.
Pero este texto no dice nada de esto. ¿Quién dijo algo sobre privarte? ¿Dónde dice aquí? Además, si tengo que privarme de algo, si tengo el sentimiento de privarme de algo es una prueba de que me gusta. Solo reemplazo une cosa que me gusta enmascarándola de frustración. Pero no resuelvo el problema del afecto. ¡Me mantengo completamente al lado de la intención de este verso!
El Señor pide intencionalmente algo que un humano normal no puede producir. Tú no decides tus afectos. Las dolencias brotan de las profundidades y son incontrolables. Si no me gustan las cosas de arriba, imponerlas a mí no cambia nada. Eso no significa que me gusten. Ni tú ni yo tenemos el poder de obedecer este versículo.
Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús: Filipenses 2:5
Y con Filipenses 2:5, culminamos. ¿Puedes controlar tu sentir? Cómo incluso eso sería posible, aquí la barra es mucho más alta, se te manda este SENTIR como hubo en Jesucristo, el Hijo de Dios. ¿Quién podría?
Hay un problema en la forma en que leemos y entendemos las Escrituras. Las cosas viejas han pasado, todas las cosas se han vuelto nuevas y la forma en que leemos la Palabra de Dios también debe cambiar.
Dejemos de leer la Palabra de Dios en el espíritu del antiguo pacto, de lo contrario pasaremos de una condenación a otra y podemos caer muy bajo.
En el antiguo pacto, no decimos en el antiguo testamento de la Biblia, en el antiguo pacto, el de la ley de Moses, cuando Dios daba un mandamiento, esperaba todos nuestros esfuerzos para hacer lo mejor y obedecerle de lo contrario era la muerte y el rechazo.
En el nuevo pacto, los nacidos de nuevo reciben un nuevo espíritu, un nuevo corazón deseoso de obedecerle.
porque Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer, para su beneplácito. Filipenses 2:13
En el nuevo pacto, Dios crea el querer come el hacer.
Y el Dios de paz, que resucitó de entre los muertos a Jesús nuestro Senor, el gran Pastor de las ovejas mediante la sangre del pacto eterno os haga aptos en toda obra buena para hacer su voluntad, obrando El en nosotros lo que es agradable delante de El mediante Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. Ebreos 13:21
En el nuevo pacto, Dios nos hace capaces de cualquier buena obra para el cumplimiento de Su voluntad MEDIANTE Jesucristo y hace en nosotros lo que le agrada.
Porque de El, por El y para El son todas las cosas. A El sea la gloria para siempre. Amén Romanos 11:36
En el nuevo pacto, Jesús es el principio y el fin; es el Alfa y el Omega. Todas las cosas son de Él, por Él y para Él.
En el antiguo pacto, los hombres se salvan por su obediencia a los mandamientos o se pierden por su desobediencia.
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, mas tenga vida eterna. Juan 3:16
En el nuevo pacto, Dios toma todas las iniciativas. ¡Envia un Salvador!
Desciende del cielo en la persona de Jesucristo, salva a todos los hombres y mujeres de todos los tiempos y de toda la tierra. Muere por el pecado del mundo, resucita, se levanta en gloria, envía el Espíritu Santo de la vida e invita a los hombres, a todos los hombres y mujeres, a aceptar unirse a El espiritualmente en esta cruz para que puedan resucitar en él y con él, con una nueva vida.
Al considerar la Cruz, acepto la condena de Dios de una humanidad rebelde y sin futuro, de la que yo soy parte, y acepto la nueva vida ofrecida y compartida por el Resucitado al otro lado de esa cruz.
Esta resurrección experimentada por el Hijo de Dios hace dos mil años se convierte entonces en una realidad concreta para nosotros hoy, por el Espíritu Santo en el momento del nuevo nacimiento. No es un concepto religioso. En el nuevo nacimiento, tu ser interior recibe la vida de resurrección del Resucitado, justo después de haber aceptado la cruz, su significado y sus consecuencias para toda tu vida futura. Mueres voluntariamente renunciando a tu antigua vida y el Espíritu de Dios te hace nuevo de una nueva vida.
Toda buena dádiva y todo don perfecto viene de lo alto, desciende del Padre de las luces, con el cual no hay cambio ni sombra de variación. En el ejercicio de su voluntad, El nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que fuéramos las primicias de sus criaturas. Santiago 1:17-18
Todo esto es un regalo sobrenatural, un regalo perfecto, una excelente gracia, ofrecido gratuitamente a todos los que aceptan las buenas nuevas del Evangelio.
En el nuevo pacto, inaugurado por la cruz, la resurrección y la glorificación del Señor Jesucristo, Dios nos salva completamente. Está haciendo el trabajo. Salva y renueva todo nuestro ser. Nuestros espíritus vuelven a la vida. Nuestra alma, voluntad, inteligencia y sentimientos se renuevan y restauran gradualmente y por completo. Y los cuerpos de aquellos que no experimentarán el regreso de Jesucristo se levantarán gloriosos y eternos. Esto es lo que dice el Evangelio.
En el nuevo pacto, Dios construye su salvación en nosotros por medio de Su Espíritu Santo, por medio del Espíritu de Cristo en nosotros.
Por lo tanto, es posible leer el nuevo testamento de la Biblia, en y con el espíritu del antiguo pacto, considerando cualquier mandamiento: haber el sentir de Jesucristo, amar las cosas de arriba y odiar la de la tierra... como cosas que apelan a nuestras propias fuerzas y determinación.
O podemos leer el antiguo o nuevo testamento en y con el espíritu del nuevo pacto, es decir, considerando que Dios está trabajando en nosotros, por el simple hecho de que ya produce en nosotros este fuerte deseo de seguir Sus mandamientos, al mismo tiempo que nos da la capacidad. Él trabaja, creando la voluntad y la capacidad de hacer en este nuevo corazón, este nuevo espíritu que ha recreado. Es Su placer, porque este es el plan de salvación que ha preparado desde toda la eternidad, un plan destinado a hacer de los hombres, Su templo, una morada en espíritu.
Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios: que creáis en el que El ha enviado. Juan 6:28
¡La obra de Dios es que creas en Aquel que envió para hacer la obra en ti y a través de ti!
Ahora, al leer su Biblia, debes considerar los mandamientos como un espejo de la vida tal como se vive cuando uno está en Cristo, cuando uno es guiado por Su Espíritu.
Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, nuestra vida, sea manifestado, entonces vosotros también seréis manifestados con El en gloria. Colosenses 3:3-4
Este espejo refleja lo que realmente somos, ahora que estamos espiritualmente unidos con Cristo. Nuestra vida real está escondida en Cristo, pero aparece en el espejo. Y se supone que esta vida no debe permanecer oculta. Debe manifestarse cada vez más externamente.
Primero debemos ver lo que está oculto, nuestra verdadera cara, nuestra cara natural y luego conformarnos a ella. Los mandamientos nos muestran nuestro yo verdadero, nuestra nueva persona que ama a Dios con todo su corazón, alma y pensamiento. Los mandamientos describen la vida normal del hijo o hija de Dios guiado por el Espíritu Santo.
"No por el poder ni por la fuerza, sino por mi Espíritu"--dice el SENOR de los ejércitos. Zacarias 4:6
y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, Hebreos 12:1
¿No estamos invitados a poner los ojos en Jesús? Esto significa esperar continuamente y sólo de El para la transformación interior, para hacer en nosotros todo lo que la ley de Moisés no podría lograr: darnos un corazón alegremente dispuesto a seguir Sus caminos: caminar en los planes de Dios en pequeños detalles y grandes movimientos de nuestra vida diaria.
Jesús, por medio de Su Espíritu en nosotros, es nuestra verdadera vida. Es la fuente de nuestros deseos cuando confiamos en El y aceptamos los términos del nuevo pacto donde Él es todo en todos. El es la fuerza de nuestras decisiones tomadas en Él porque podemos hacer cualquier cosa por Aquel que nos fortalece. Y es la razón de toda nuestra vida, ya que estamos invitados a entrar en obras que El mismo ha preparado de antemano para que las practiquemos mientras hemos recibido el deseo y la capacidad.
¿Y la libertad en todo esto? ¿Y nuestro libre arbitro?
Pero el que mira atentamente a la ley perfecta, la ley de la libertad, y permanece en ella, no habiéndose vuelto un oidor olvidadizo sino un hacedor eficaz, éste será bienaventurado en lo que hace. Santiago 1:25
Jacques nos habla de la ley perfecta, de la ley de la libertad.
Esta ley es perfecta en el sentido de que da deseo y capacidad. La ley del antiguo pacto no tenía ningún poder para eso. En el antiguo pacto no hago lo que quiero hacer y hago lo que no quiero. No soy libre.
Porque sabemos que la ley es espiritual, pero yo soy carnal, vendido a la esclavitud del pecado. Porque lo que hago, no lo entiendo; porque no practico lo que quiero hacer, sino que lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero hacer, eso hago, estoy de acuerdo con la ley, reconociendo que es buena. Romanos 7:14-16
En el nuevo pacto, Dios razona nuestros deseos con Su luz y Amor y nos da la inteligencia para renunciar a caminos dañinos e insalubres, para elegir y seguir caminos que, aunque ciertamente los nuestros, son también suyos, inspirados y hechos poderosos por Su mera presencia en nosotros, excelentes para los demás y para nosotros mismos.
Es una ley perfecta que funciona para todos aquellos que toman como estilo de vida esperar en El para crear voluntad de hacer, para todos aquellos que tienen un corazón suficientemente contrito y lúcido como para reconocer su frialdad, su miseria, su inestabilidad , su cobardía y su incapacidad para complacer a Dios a través de los antiguos mecanismos y el poder muy limitado de la vieja naturaleza.
Es por eso que sólo el arrepentimiento, es decir, el deseo de dar la espalda a un estilo de vida que teníamos antes o una inclinación por la vieja naturaleza, sólo el arrepentimiento y la confianza en la obra de Cristo en nosotros es la puerta de entrada a la verdadera libertad.
Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, pues éstos se oponen el uno al otro, de manera que no podéis hacer lo que deseáis. Galatos 5:17
Anda, un poco de filosofía bíblica. Este texto básicamente dice que la libertad absoluta no existe. O somos guiados por la carne a hacer cosas detestables para los demás y para nosotros mismos en un clima de insatisfacción insaciable e inextinguible, o somos guiados por el Espíritu a hacer cosas magníficas por los demás y por nosotros mismos con como salario, alegría, paz y una inmensa felicidad desbordante de nuestros corazones. En ambos casos no hacemos lo que nos gustaría. No hay libertad real.
El ‘nosotros’, libre, está, de hecho, en el medio, en la elección de por quién o por lo que queremos ser dirigidos. Este "nosotros" solo necesita ser guiado hacia lo que es lo mejor para él.
En ambos casos, habrá uno que no tendrá voz, que no hará lo que quiera. Podemos elegir quién está al volante. El ‘nosotros’, guiados por el Espíritu. O el 'nosotros' impulsado por los viejos reflejos de la vieja naturaleza.
El Señor nos da inteligencia para ver que los dos caminos no son iguales. Uno conduce, a pesar de las apariencias muy engañosas, a una satisfacción transitoria seguida de una profunda insatisfacción duradera, a la tristeza y el disgusto, mientras que el otro sentido es la vida y la paz. ¿Quién elegiría voluntariamente un camino de dolor e insatisfacción a menos que se vea obligado a hacerlo.
pues uno es esclavo de aquello que le ha vencido. 2 Pedro 2:19
Por lo tanto, cuando leo la Palabra de Dios, antiguo o nuevo testamento, ya no veo mandamientos fuera de alcance que continuamente me sumergen en la condenación. Más bien, me miro en un espejo, lo que el nuevo hombre, Jesucristo, el último Adán es en mí y siempre producirá en mí en cuanto ponga mi confianza en su obra, para finalmente haberla entendido y creído, en la obra de Su Espíritu Santo en mí.
Por lo cual El también es poderoso para salvar para siempre a los que por medio de El se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos. Hebreos 7:25
Es en esto que él es un Salvador perfecto. Nos trae de vuelta a un Jardín del Edén para tomar la decisión y experimentar lo que Adán y Eva han perdido. En el nuevo nacimiento, esta vez fuimos guiados a elegir el árbol de la vida. Ya no necesitamos el árbol del conocimiento del bien y del mal y sus frutos indefensos.
Mas por obra suya estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual se hizo para nosotros sabiduría de Dios, y justificación, y santificación, y redención, 1 Corintios 1:30
Jesucristo en nosotros es este conocimiento activo y operativo del bien y del mal. El mismo se hizo para nosotros sabiduría, justicia, santificación y redención. El es todo en todos. Además, necesitamos a Jesús la cabeza tanto como Jesús el cuerpo, es decir, la Iglesia, nuestros hermanos y hermanas en Cristo. Hablaremos de eso en un futuro próximo.
Cuando simplemente seguimos las instrucciones del Espíritu Santo dentro de nosotros, cuando confiamos en Cristo y continuamente esperamos a que E produzca su vida, sus sentimientos, el deseo de caminar en su justicia y convertimos esos deseos desde nuestro espíritu unido con Su Espíritu, en acciones concretas en nuestra vida diaria, caminamos en el espíritu. Cada una de nuestras acciones impulsadas por la vida y la morada de Cristo en nosotros a través de la fe, nos conduce a más acciones cada vez más concretas en la tierra y a una comunión cada vez más profunda con El. No olvidamos más quiénes somos.
Somos un poco como una pipa continuamente atravesada por una corriente de vida divina que brota de un manantial inagotable para regar un macizo de flores, un mundo enfermo, seco y sediento. Por lo tanto, seguimos llenos, en cuanto por un lado el manantial no está bloqueado y por otro lado si la punta de riego tampoco no está obstruida, dispuesta a regar generosamente todo lo que está a su alcance.
Es en la práctica que conocemos, que experimentamos este agua viva que pasa a través de nosotros, y vigorizándonos de paso, brota a través de todos los extremos de nuestros comportamientos voluntarios en gotas, arroyitos, arroyos, ríos de amor, de bondad, de paciencia, de dulzura, de bondad, de fidelidad, de autocontrol, de pureza, de perdón, de misericordia, de generosidad, de empatía, de poder, de sanación, de liberación, de sabiduría, de inteligencia, de ciencia, manifestando a través de nuestra personalidad única, toda soleadas por las virtudes de Jesucristo, las obras que Dios ha preparado de antemano para nosotros!
Pero el que mira atentamente a la ley perfecta, la ley de la libertad, y permanece en ella, no habiéndose vuelto un oidor olvidadizo sino un hacedor eficaz, éste será bienaventurado en lo que hace. Santiago 1:25
Quien se vuelva un hacedor dice Santiago es feliz en su actividad.
Pues estas virtudes, al estar en vosotros y al abundar, no os dejarán ociosos ni estériles en el verdadero conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. 2 Pedro 1:8
Acuérdate.
Cuando lees ‘Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús’: entiende, cree, acepta, pide, espera pacientemente en el Espíritu Santo y confía en El para convencerte, (lo que sabe hacer maravillosamente), para que te impregna de esta fe especial y revelada de que Cristo está trabajando en ti, por medio de su Espíritu y de Su Palabra Viviente, para producir su propio sentir y hacer que su sol brille sobre tu vida y reflexionando sobre las de los que te rodean.
Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Filipenses 4:13
Entonces descubres que puedes hacer cualquier cosa a través de Aquel que te fortalece. Cristo que vive en nosotros a través de Su Espíritu es VIDA. Es el CAMINO.
Cuando leas cualquier mandamiento, cualquier instrucción en la Palabra de Dios, véala como un reflejo de lo que Cristo ya está en ti, de lo que ha comenzado y seguirá produciendo en ti, de progreso en progreso, para los demás.
estando convencido precisamente de esto: que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús. Filipenses 1:6
Y que el mismo Dios de paz os santifique por completo; y que todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea preservado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará. Tesalonicenses 5:23
La vid no come uvas. Lo produce para otros. Su gloria y placer, y ella lo expresa en palabras sino en ramas que se doblan bajo el peso del fruto para finalmente ver todos sus frutos recogidos para el deleite de los codiciosos.
En esto es glorificado mi Padre, en que deis mucho fruto, y así probéis que sois mis discípulos. Juan 15:8
Estamos llamados a dar mucho fruto porque así es como el Padre es glorificado. Así que es la voluntad del Padre. Y dar fruto no es el resultado de agotantes esfuerzos de la rama sino la consecuencia natural de cualquier árbol lleno de savia y de vida.
Esto es lo que Jesús es para nosotros, un árbol lleno de vida y somos sus ramas destinadas a llevar mucho fruto. Es esta vida la que el Espíritu Santo nos comunica si la esperamos de El. Jesús es la vid y nosotros somos los pámpanos, las ramas. El Espíritu Santo es la savia que la vid desemboca en la rama. Creemos en El, siempre, todo el tiempo, ahora mismo y en el minuto que le seguirá.
El poder bajo la oración respondida 1/2
El 23/07/2026
¿Conoces esta preciosa verdad, esta verdad oculta que multiplica el poder de todas las oraciones que suben al Padre, en el nombre de Jesucristo?
Es una verdad invisible, oculta a los ojos, pero tremendamente poderosa para aquel o aquella que la conoce y la mantiene presente en la mente mientras ora a Dios.
Aquí está esa verdad:
Si estamos atravesando el valle de la enfermedad, el sufrimiento, la carencia o el malestar, estamos experimentando una injusticia ilegal porque, en verdad, "judicialmente", legalmente, según las leyes del reino de Dios, ya estamos sanados.
Las ofensas que, como creemos, nos mantienen alejados de la presencia de Dios y, por lo tanto, de Su intervención en nuestro sufrimiento, estas ofensas, nuestras ofensas, han sido legalmente, "judicialmente" perdonadas, borradas y olvidadas por Dios desde hace más de 2000 años, según las leyes del Reino.
Esta poderosa verdad debe estar presente en nuestros pensamientos mientras oramos porque es esta verdad la que impulsa, como un cohete, cada oración hasta el trono de Dios.
Dios nunca actuará según nuestros méritos, ya que no tenemos ninguno. Siempre actúa según esta verdad que necesitamos conocer.
El conocimiento de esta verdad desencadena el milagro, la respuesta a la oración. Esto es lo que hace decir a Jesús: 'Ve, tu fe te ha salvado'.
Aquí hay cinco textos que revelan el principio, textos que podemos leer y declarar en voz alta, para recordarlos tan a menudo como sea posible en nuestra memoria.
Estos son textos legales que presentarás como abogado mientras oras al Señor.
Es el Señor quien los hizo escribir para nosotros, en la Biblia, para que nos apoyemos en ellos cuando oramos, para que no sintamos que estamos pidiendo cosas que Él nunca tuvo la intención de conceder. De hecho, es el propio Señor quien nos da a conocer la existencia de estas cosas para que se las pidamos.
Es mediante esta verdad que Dios puede, con toda justicia, hacer descender hoy sobre la tierra las potencias invisibles del Reino de Dios, aquellas que ya te han sanado y liberado.
Primer texto:
Isaías 53:4 - Ciertamente él cargó con nuestras enfermedades y soportó nuestros dolores, pero nosotros lo consideramos herido, golpeado por Dios y humillado.
Él fue traspasado por nuestras rebeliones y molido por nuestras iniquidades.
Sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz y gracias a sus heridas fuimos sanados
Está hecho.
El castigo que nos da paz ha caído. Cayó de una vez por todas. Y este castigo que cayó sobre otro nos da algo.
Gracias al que fue golpeado, todos tienen el derecho legal de recibir el shalom porque es la palabra hebrea que se tradujo en nuestras biblias como 'paz'. Sin embargo, shalom significa más que paz porque como muchas palabras hebreas que son ricas en significado y tienen un significado extendido, shalom significa:
Estado completo, bienestar, serenidad, salud, prosperidad, solidez del cuerpo, paz, tranquilidad.
Todo eso está en el shalom que el Señor Jesús compró para nosotros al morir en la Cruz. Tan cierto como que Jesús murió, tan cierto, tienes el derecho legal de recibir shalom, ahora mismo.
El castigo sufrido por el Señor Jesús no tenía otro propósito. A través de la muerte y las heridas de Jesús, ya estás sanado. Y esta verdad invisible desciende y se materializa en el mundo físico para cualquiera que ore, abogando ante Dios con esta verdad clara ante sus ojos.
Segundo texto:
Juan 19:30 - Al probar Jesús el vinagre, dijo: Todo se ha cumplido. Luego inclinó la cabeza y entregó el espíritu.
Todo se ha cumplido. Estas son las últimas palabras de Jesús en la cruz. No hay nada que agregar, eso es lo que significa. No se necesita mérito personal para recibir shalom. Ninguna buena acción humana puede hacernos merecedores de alguna respuesta a la oración. El castigo que cayó es la única base legal sobre la cual el amor y la compasión de Dios se apoyan para prodigarnos Su shalom, apretado, sacudido y desbordante.
Desde el día de su resurrección, Jesús, que ahora está muy vivo, derrama sobre cualquiera que se aferre a esta verdad la increíble y beneficiosa consecuencia de este castigo. Todos los beneficios del shalom, adquiridos a un alto precio en esa terrible cruz, son para nosotros que comprendemos el inmenso alcance de esa cruz.
Tenemos derecho, ¡derecho! a experimentar por nosotros mismos y pedir para otros lo que ya está 'en stock' en lo invisible para todos: perdón, sanidad, bienestar, paz y prosperidad. Todo ya está allí. Solo tenías que mirar y entender lo que sucedió en la cruz. La cruz es el testimonio sangriento de que ya estás sanado, bendecido, y que nuestras ofensas a todos han sido borradas.
Por lo tanto, legalmente, a través de Jesús, ahora tenemos paz con Dios. Entendamos lo que Cristo estaba haciendo en esa cruz asesina: nos reconcilió con este Dios al que conocemos tan poco. A través de esta cruz, Dios ya no está enojado ni nos castiga por nuestras ofensas porque ya se ha enojado y ya ha castigado a Aquel que se ofreció por amor a nosotros. No hay doble pena. No habrá doble pena. El castigo que nos da paz, que nos da shalom, cayó sobre Jesús y eso nos abre todas las puertas de la felicidad.
Tercer texto:
Juan 11:40 - ¿No te dije que si crees verás la gloria de Dios? —le contestó Jesús
La fe es necesaria, pero no se necesita una gran fe. Un grano de mostaza es suficiente. Y el grano de mostaza es haber escuchado y conocido que Jesús fue al castigo en nuestro lugar, solo para que podamos recibir hoy perdón, sanidad, bienestar moral y físico, y prosperidad.
Si lo has entendido, tienes el grano de mostaza de fe necesario. No trates de traer algo más. Ahora puedes orar con confianza apoyándote en esto. Solo necesitabas saber y entender que el derecho 'legal' de recibir todo te fue dado por Jesús, que se entregó por todos nosotros. ¡Entonces, pide ahora, sobre esta base sólida!
Cuarto texto:
Salmos 103:2 - Alaba, alma mía, al Señor y no olvides ninguno de sus beneficios.
Él perdona todos tus pecados y sana todas tus dolencias;
él rescata tu vida del sepulcro y te corona de gran amor y misericordia;
No hay enfermedad que el Señor no haya aniquilado en la cruz. Por sus heridas, ha sanado TODAS las enfermedades. No descenderás al sepulcro.
No hay pecado que el Señor no pueda perdonar. Estos son los beneficios que emanan de la cruz. Estas leyes benevolentes desencadenadas en la cruz siguen vigentes incluso si la ejecución del decreto tuvo lugar en el Calvario hace dos mil años.
Quinto texto:
1 Corintios 1:18 - El mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden; en cambio, para los que se salvan, es decir, para nosotros, este mensaje es el poder de Dios.
El mismo poder que resucitó a Jesús al tercer día está presente en esta verdad del castigo que nos da paz y este poder actúa ahora en ti que crees.
Hay suficiente poder en esta verdad oculta y aún más.
El Hijo de Dios sufrió y, con toda justicia, hoy recibimos paz, perdón y sanidad de todas nuestras enfermedades. Solo queda mantener los ojos de nuestros pensamientos fijos en Jesús crucificado. A través de la cruz, ya estamos perdonados, sanados, y para aquellos que han comprendido y aceptado esta verdad y se aferran a ella, el Señor dice ‘¡Ve! Que todo suceda tal como has creído’ o 'tu fe te ha salvado'.
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