A aquel o aquella que atraviesa un momento de duda, aquí hay algunos pensamientos.
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¿Puede Dios rechazar ?
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¿Puede Dios perdonar todavía? Me he alejado tanto. ¿He cometido lo irreparable? ¿Puede Dios rehabilitarme?
Mi situación no tiene salida. Dondequiera que me vuelva, no veo ninguna. Me siento como en una red sin forma de escapar.
Por más que intento ser como el Señor quiere. He intentado y vuelto a intentar. Nunca lo lograré.
A aquel o aquella que tiene este sentimiento de que Dios ya no es favorable, que no puede estar allí debido a la gravedad de un extravío, que nos ha rechazado; respecto a estas impresiones engañosas, aquí hay algunas verdades invariables y reconfortantes, el punto de vista de Dios tal como se revela en las Escrituras. Leerás estas verdades hoy. Vuelve a leerlas en un mes, en un año, diez años, treinta o cincuenta años, no habrán variado ni un ápice y seguirán siendo igual de verdaderas.
Salmos 113:7-8: "Levanta del polvo al pobre y saca del muladar al necesitado; los hace sentarse con príncipes, con los príncipes de su pueblo."
El muladar no parece ser eliminatorio porque es de allí, del fondo de su muladar, que Dios puede ir a buscar a alguien para elevarlo y hacerlo grande según Sus estándares.
1 Corintios 1:27: "Pero Dios escogió lo necio del mundo para avergonzar a los sabios, y escogió lo débil del mundo para avergonzar a lo fuerte."
El Señor no tiene problema en elegir lo que es vil a los ojos de los hombres para transformarlo en algo precioso porque desaprueba menos al pecador que se golpea el pecho, consciente de su estado, que al justo propio que se gloría de sus méritos ante Él.
Lucas 18:9-14: "A unos que confiaban en sí mismos como justos y menospreciaban a los demás, Jesús les contó esta parábola: Dos hombres subieron al templo a orar; uno era fariseo y el otro recaudador de impuestos. El fariseo, de pie, oraba consigo mismo: 'Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este recaudador de impuestos. Ayuno dos veces a la semana y doy el diezmo de todo lo que gano.' Pero el recaudador de impuestos, de pie a cierta distancia, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: 'Dios, ten piedad de mí, que soy un pecador.' Les digo que este hombre, y no el otro, volvió a su casa justificado ante Dios. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido."
Salmos 30:6-8: "En mi prosperidad dije: 'Jamás seré conmovido.' Señor, con tu favor afirmaste mi monte... Pero escondiste tu rostro, y quedé turbado. A ti, Señor, clamé; al Señor supliqué."
Puede permitir, al esconder temporalmente su rostro, que tambaleemos si eso puede recordarnos que si estamos de pie, lo estamos únicamente por Su gracia que sola puede mantenernos en el camino recto.
Mateo 12:20: "No quebrará la caña cascada, ni apagará la mecha que arde débilmente, hasta que haga triunfar la justicia."
Hay momentos en que nuestra vida no es más que una chispa que tiembla, que el más mínimo soplo de viento podría apagar para siempre. Jesús no soplará esta vela moribunda, no la apagará. No rechaza la mecha que arde débilmente, la caña cascada. Al contrario, la levanta, la rehabilita y, cosa increíble, impensable para la lógica humana, para hacerla sentar con los grandes, en Él, a la derecha del Padre.
Salmos 103:3-4: "Él perdona todas tus iniquidades y sana todas tus dolencias; él rescata del sepulcro tu vida y te corona de amor y compasión."
¿Crees que el uso de la palabra TODAS en este versículo es casualidad?
Así es Dios. Dios nos saca de todas las fosas, ¡TODAS! Incluso y sobre todo de aquellas en las que nos hemos metido solos. Lo hace sin reproche, porque nos conoce. Perdona TODAS las iniquidades. Lo hace por Su bondad y misericordia con la que quiere coronar a quien le invoca (misericordia = etimológicamente 'tomar a corazón la miseria').
Salmos 103:14: "Porque él sabe de qué estamos hechos; se acuerda de que somos polvo."
Sabe de qué estamos hechos, con nuestras malas decisiones, nuestras malas compañías o hábitos, un espíritu débilmente fortalecido por el Espíritu de Dios, una seducción poderosa y omnipresente, malos pensamientos, locura en el corazón y nos encontramos en la fosa, solos, desdichados, abandonados, desesperados.
Salmos 103:10: "No nos trata conforme a nuestros pecados ni nos paga conforme a nuestras iniquidades."
¡Afortunadamente! Si debiéramos ser castigados según nuestros pecados, proporcionalmente, ¿quién seguiría vivo en la tierra? El rey David lo había entendido y oraba muy inteligentemente:
Salmos 143:2-7: "No entres en juicio con tu siervo, porque ningún ser humano es justo delante de ti. El enemigo me persigue, quiere aplastarme; me hace habitar en las tinieblas como los muertos desde hace mucho tiempo. Mi espíritu está abatido en mí, mi corazón está consternado en lo profundo de mí. Me acuerdo de los días pasados, pienso en toda tu actividad, reflexiono en el trabajo de tus manos. Extiendo mis manos hacia ti, suspiro por ti como una tierra sedienta. Respóndeme pronto, Señor, porque mi espíritu se agota. No me escondas tu rostro, porque me volvería como los que descienden a la tumba."
El rey David incluso defendía su causa buscando (y encontrando) argumentos realmente convincentes en sus oraciones:
Salmos 30:9-10: "Señor, clamé a ti, supliqué al Señor: '¿Qué ganas con derramar mi sangre, con hacerme descender a la tumba? ¿Te alabará el polvo? ¿Contará tu fidelidad?'"
David tenía razón. ¿Qué ganaría el Señor con hacernos descender a una tumba? Dios está mucho más interesado en sacarnos de la fosa que en hundirnos en ella. Él rescata de la fosa a quien clama a Él. El rey David lo experimentó tantas veces y siempre en situaciones sin esperanza.
Salmos 40:2-3: "Puse mi esperanza en el Señor, y él se inclinó hacia mí, escuchó mi clamor. Me sacó de la fosa de destrucción, del lodo cenagoso, y puso mis pies sobre la roca, afirmó mis pasos."
Y Jonás:
Jonás 2:7: "Descendí hasta las raíces de las montañas; las barras de la tierra me encerraban para siempre; pero tú me hiciste subir vivo de la fosa, Señor, mi Dios."
Abram recibe un día de Dios esta promesa de que tendrá una descendencia. Muchos años después, todavía no ha pasado nada, y cuando tiene casi cien años, y Sara, su esposa, de aproximadamente la misma edad, ya no está en condiciones de tener hijos, se dice que Abraham espera contra toda esperanza. ¡Esperar contra toda esperanza! ¿Estarías tú también en ese punto?
El simple sentido común lo gritaba y Abram no era ni ciego ni estúpido. Era perfectamente consciente de que ya no le era humanamente posible tener hijos. Solo que, un milagro extraordinario va a ocurrir porque esta vez, el sentido común y el orden natural de las cosas no pesarán en la balanza, como a menudo, por no decir siempre, con la bendición de Dios. Incluso los principios naturales no podían impedir que Dios le concediera lo que había prometido. Y Abram, contra toda lógica, esperaba contra toda esperanza (humanamente razonable).
Es en tales situaciones que Dios manifiesta su presencia poderosa en nuestras vidas. Cuando ya no hay ninguna posibilidad humana, ninguna posibilidad y:
Romanos 4:18-19: "Contra toda esperanza, Abraham creyó y así llegó a ser padre de muchas naciones, según se le había dicho: 'Así será tu descendencia.' Y sin debilitarse en la fe, no consideró que su cuerpo ya estaba como muerto, pues tenía casi cien años, ni que el vientre de Sara estaba ya sin vida."
Abraham estaba en una situación tal vez similar a la tuya. Considerándola racionalmente, razonablemente, tu situación es irremediablemente desesperada. ¿Y entonces? Haz como Abram. ¡No la consideres! No saques ninguna conclusión pesimista sobre la base de la lógica natural, no tomes en cuenta lo natural.
El Señor abre puertas de salida, que nadie puede ver, que nunca habrías imaginado, que surgen de la nada y traen la improbable liberación.
Esperando en Dios contra toda esperanza humana, como Abraham, desencadenamos Su mano. Abraham tuvo un hijo que salió de un total imposible.
Este principio también se aplica a todos, en TODAS las situaciones. En Jesucristo, la Gracia abunda inagotablemente. Abunda para ti.
Romanos 5:20: "La ley se introdujo para que abundara la transgresión; pero donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia."
Solo hay un pecado imperdonable. Es el pecado contra el Espíritu Santo. Y no lo has cometido porque no estarías leyendo estas líneas.
El pecado contra el Espíritu Santo es cometido por aquel o aquella que, habiendo conocido a Cristo, luego se compromete, de manera reflexiva y plenamente consciente, en el camino contrario, oponiéndose y insultando voluntariamente a la persona del Espíritu Santo. ¿Se puede hacer eso después de haber conocido a Cristo? Sí, y es un misterio, el misterio de la iniquidad. ¿No era Lucifer el ángel más elevado en el cielo?
El pecado contra el Espíritu Santo es un acto inicuo, consciente, voluntariamente hostil y odioso hacia la persona del Espíritu Santo y hacia aquellos que son de Cristo. Es lo que hicieron los fariseos que, aunque reconocieron en Jesús al hijo de Dios, y reconocieron la verdadera naturaleza del Espíritu que lo animaba y por el cual hacía los milagros, se atrevieron a decir que expulsaba a los demonios por el espíritu impuro, por Belcebú (Juan 12:22-32 y Juan 15:22-25). Jesús les dijo que su pecado no les sería perdonado. ¡Da escalofríos!
Fuera de este pecado, todos los pecados reconocidos y confesados son perdonados. Todos. Ningún hijo de Dios irá jamás tan lejos que no pueda ser devuelto al redil.
¡Toma valor! ¿Toda esperanza está perdida? Pues bien, espera contra toda esperanza como Abraham e invoca al Señor Jesucristo. Él no apaga la mecha que solo tiene una chispa y que humea. Ninguna realidad fría e implacable impedirá al Señor sacarte de una fosa profunda y cerrada con candado.
Y me uno a ti ahora para pedir a Dios su liberación porque si dos se ponen de acuerdo para pedir una misma cosa, les será concedida.
Y que lo haya hecho antes de que leas estas líneas no es un problema porque el Señor en su omnisciencia, no está, como nosotros, sujeto a las leyes implacables del tiempo.
Mateo 18:19: "Además les digo que si dos de ustedes en la tierra se ponen de acuerdo sobre cualquier cosa que pidan, les será concedida por mi Padre que está en los cielos."
Y animo a aquel o aquella que dude de la bondad de Dios a leer: ¿Es el pecado lo que nos priva de Dios?
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Pero el que mira atentamente a la ley perfecta, la ley de la libertad, y permanece en ella, no habiéndose vuelto un oidor olvidadizo sino un hacedor eficaz, éste será bienaventurado en lo que hace. Santiago 1:22-25
Este hombre (hombre o mujer) que olvida quién es justo después de mirar en el espejo, podría ser tú o yo, si no somos insruidos. ¿Quiénes somos?
Todo lo que sigue será totalmente ininteligible si no has nacido de nuevo. Si no estás seguro(a) en tu corazón de que naciste de nuevo, sepa y tenga la seguridad de que Jesucristo fue encarnado milagrosamente, por una operación sobrenatural del Espíritu de Dios en una mujer que no había conocido a un hombre, que murió, resucitó y ascendió a la gloria, de donde había venido, para enviar su Espíritu de vida. Con esto, ha completado con éxito una obra completa, cuyo significado ha permanecido oculto durante mucho tiempo y que, en los últimos tiempos, se revela, descrito a lo largo de la Biblia, una obra completa cuyo objetivo final es que pueda habitar y reinar en el corazón de hombres (hombres y mujeres). Es esta vivienda la que comienza el día en que nacemos de nuevo.
Por lo tanto, el nuevo nacimiento no es un privilegio reservado a unos pocos, sino el deseo de Dios por todos. Vino en la persona de Jesucristo para que TODOS sean salvos, entendéis por salvos, para que todos se conviertan en una morada de Cristo en espíritu para formar juntos el cuerpo de Cristo en la tierra y por la eternidad. El espera que simplemente lo invites a convertirle en el Señor de toda tu vida hoy. Si quieres saber más sobre el nuevo nacimiento, te invito a leer De creyente a nacido de nuevo.
El día que nacimos de nuevo, ocurrió un milagro interior e invisible. Hemos sido espiritualmente cortados del árbol de la humanidad rebelde y hemos sido injertados, por la acción sobrenatural del Espíritu Santo, a una nueva humanidad inaugurada por Jesucristo, el primogénito de esta nueva generación, exactamente de la de la misma manera que se cortaría la rama fructífera de un árbol, para injertarla en otro árbol más vigoroso.
A partir de este momento, la savia, la vida, la naturaleza de este otro árbol comienza a circular y a vigorizar la rama injertada. Lo mismo ocurre en el nuevo nacimiento. La vida divina comenzó a fluir hacia nosotros. Los efectos no son inmediatamente evidentes, pero poco a poco, la rama comienza a mostrar un nuevo vigor y producir frutas nuevas y sabrosas. Dentro, en nosotros, sabemos, todo ha cambiado al instante. Pero los cambios en el exterior se manifiestan gradualmente en nuevos gustos, nuevas reacciones, acciones y nuevas dolencias.
De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas. Y todo esto procede de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por medio de Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación, 2 Corintios 5:17
por medio de las cuales nos ha concedido sus preciosas y maravillosas promesas, a fin de que por ellas lleguéis a ser partícipes de la naturaleza divina, habiendo escapado de la corrupción que hay en el mundo por causa de la concupiscencia. 2 Pedro 1:4
En el nuevo nacimiento, recibimos una nueva naturaleza que se convierte en nuestra vida natural. Somos ahora participantes de la naturaleza divina.
Y cuando leemos o escuchamos la Palabra de Dios, la Biblia, es como si nos miramos en un espejo, el rostro de esta nueva naturaleza, cómo se ve, cómo se supone que se parece. Sólo otros pueden vernos. No podemos vernos a nosotros mismos excepto a través de un espejo. Y la Biblia actúa como un espejo.
Cuando la leemos, vemos la descripción de lo que nos hemos convertido internamente y que somos llamados a manifestar externamente.
haced completo mi gozo, siendo del mismo sentir, conservando el mismo amor, unidos en espíritu, dedicados a un mismo propósito. Filipenses 2:2
Francamente, ¿sería en nuestro poder, por la fuerza de nuestra voluntad ser un mismo sentir, un mismo amor, un mismo pensamiento con nuestros hermanos y hermanas en Cristo? ¿Realmente creen que este es un mandamiento adicional que debemos esforzarnos por aplicar?
Lo que se describe aquí no es una cuestión de voluntad. Espero que no sigas engañándote sobre esto. Puedes hacer esfuerzos para acordarte con tu hermano o hermana, puedes esforzarte por perdonar, olvidar las ofensas, para ser paciente, para mantener tu lengua en una restricción, para pensar primero en sus intereses ante el tuyo, para mostrar actos de amor. Sí, puedes intentar hacer muchas cosas. Pero ser del mismo sentir, amor, un pensamiento con ellos.......
Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.. Colosenses 3:2
En esta traducción de la Biblia, la palabra griega ‘phroneo’ ha sido traducida por ‘poner la mira en’. El verdadero sentido de ‘phroneo’ es mucho mas que eso. Otras lenguas (francés, inglés y puede ser otras) lo tradujeron por sentir cariño para, querer lo que se acerca más del sentido real. Amáis, tengáis cariño, afecto para las cosas de arriba y no para las de la tierra.
De todas formas, muchos de nosotros leemos este texto de la siguiente manera: Esfuérzate a las cosas de arriba, a adorar, orar, a leer diariamente la palabra y private de todo lo que hay en el mundo.
Pero este texto no dice nada de esto. ¿Quién dijo algo sobre privarte? ¿Dónde dice aquí? Además, si tengo que privarme de algo, si tengo el sentimiento de privarme de algo es una prueba de que me gusta. Solo reemplazo une cosa que me gusta enmascarándola de frustración. Pero no resuelvo el problema del afecto. ¡Me mantengo completamente al lado de la intención de este verso!
El Señor pide intencionalmente algo que un humano normal no puede producir. Tú no decides tus afectos. Las dolencias brotan de las profundidades y son incontrolables. Si no me gustan las cosas de arriba, imponerlas a mí no cambia nada. Eso no significa que me gusten. Ni tú ni yo tenemos el poder de obedecer este versículo.
Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús: Filipenses 2:5
Y con Filipenses 2:5, culminamos. ¿Puedes controlar tu sentir? Cómo incluso eso sería posible, aquí la barra es mucho más alta, se te manda este SENTIR como hubo en Jesucristo, el Hijo de Dios. ¿Quién podría?
Hay un problema en la forma en que leemos y entendemos las Escrituras. Las cosas viejas han pasado, todas las cosas se han vuelto nuevas y la forma en que leemos la Palabra de Dios también debe cambiar.
Dejemos de leer la Palabra de Dios en el espíritu del antiguo pacto, de lo contrario pasaremos de una condenación a otra y podemos caer muy bajo.
En el antiguo pacto, no decimos en el antiguo testamento de la Biblia, en el antiguo pacto, el de la ley de Moses, cuando Dios daba un mandamiento, esperaba todos nuestros esfuerzos para hacer lo mejor y obedecerle de lo contrario era la muerte y el rechazo.
En el nuevo pacto, los nacidos de nuevo reciben un nuevo espíritu, un nuevo corazón deseoso de obedecerle.
porque Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer, para su beneplácito. Filipenses 2:13
En el nuevo pacto, Dios crea el querer come el hacer.
Y el Dios de paz, que resucitó de entre los muertos a Jesús nuestro Senor, el gran Pastor de las ovejas mediante la sangre del pacto eterno os haga aptos en toda obra buena para hacer su voluntad, obrando El en nosotros lo que es agradable delante de El mediante Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. Ebreos 13:21
En el nuevo pacto, Dios nos hace capaces de cualquier buena obra para el cumplimiento de Su voluntad MEDIANTE Jesucristo y hace en nosotros lo que le agrada.
Porque de El, por El y para El son todas las cosas. A El sea la gloria para siempre. Amén Romanos 11:36
En el nuevo pacto, Jesús es el principio y el fin; es el Alfa y el Omega. Todas las cosas son de Él, por Él y para Él.
En el antiguo pacto, los hombres se salvan por su obediencia a los mandamientos o se pierden por su desobediencia.
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, mas tenga vida eterna. Juan 3:16
En el nuevo pacto, Dios toma todas las iniciativas. ¡Envia un Salvador!
Desciende del cielo en la persona de Jesucristo, salva a todos los hombres y mujeres de todos los tiempos y de toda la tierra. Muere por el pecado del mundo, resucita, se levanta en gloria, envía el Espíritu Santo de la vida e invita a los hombres, a todos los hombres y mujeres, a aceptar unirse a El espiritualmente en esta cruz para que puedan resucitar en él y con él, con una nueva vida.
Al considerar la Cruz, acepto la condena de Dios de una humanidad rebelde y sin futuro, de la que yo soy parte, y acepto la nueva vida ofrecida y compartida por el Resucitado al otro lado de esa cruz.
Esta resurrección experimentada por el Hijo de Dios hace dos mil años se convierte entonces en una realidad concreta para nosotros hoy, por el Espíritu Santo en el momento del nuevo nacimiento. No es un concepto religioso. En el nuevo nacimiento, tu ser interior recibe la vida de resurrección del Resucitado, justo después de haber aceptado la cruz, su significado y sus consecuencias para toda tu vida futura. Mueres voluntariamente renunciando a tu antigua vida y el Espíritu de Dios te hace nuevo de una nueva vida.
Toda buena dádiva y todo don perfecto viene de lo alto, desciende del Padre de las luces, con el cual no hay cambio ni sombra de variación. En el ejercicio de su voluntad, El nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que fuéramos las primicias de sus criaturas. Santiago 1:17-18
Todo esto es un regalo sobrenatural, un regalo perfecto, una excelente gracia, ofrecido gratuitamente a todos los que aceptan las buenas nuevas del Evangelio.
En el nuevo pacto, inaugurado por la cruz, la resurrección y la glorificación del Señor Jesucristo, Dios nos salva completamente. Está haciendo el trabajo. Salva y renueva todo nuestro ser. Nuestros espíritus vuelven a la vida. Nuestra alma, voluntad, inteligencia y sentimientos se renuevan y restauran gradualmente y por completo. Y los cuerpos de aquellos que no experimentarán el regreso de Jesucristo se levantarán gloriosos y eternos. Esto es lo que dice el Evangelio.
En el nuevo pacto, Dios construye su salvación en nosotros por medio de Su Espíritu Santo, por medio del Espíritu de Cristo en nosotros.
Por lo tanto, es posible leer el nuevo testamento de la Biblia, en y con el espíritu del antiguo pacto, considerando cualquier mandamiento: haber el sentir de Jesucristo, amar las cosas de arriba y odiar la de la tierra... como cosas que apelan a nuestras propias fuerzas y determinación.
O podemos leer el antiguo o nuevo testamento en y con el espíritu del nuevo pacto, es decir, considerando que Dios está trabajando en nosotros, por el simple hecho de que ya produce en nosotros este fuerte deseo de seguir Sus mandamientos, al mismo tiempo que nos da la capacidad. Él trabaja, creando la voluntad y la capacidad de hacer en este nuevo corazón, este nuevo espíritu que ha recreado. Es Su placer, porque este es el plan de salvación que ha preparado desde toda la eternidad, un plan destinado a hacer de los hombres, Su templo, una morada en espíritu.
Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios: que creáis en el que El ha enviado. Juan 6:28
¡La obra de Dios es que creas en Aquel que envió para hacer la obra en ti y a través de ti!
Ahora, al leer su Biblia, debes considerar los mandamientos como un espejo de la vida tal como se vive cuando uno está en Cristo, cuando uno es guiado por Su Espíritu.
Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, nuestra vida, sea manifestado, entonces vosotros también seréis manifestados con El en gloria. Colosenses 3:3-4
Este espejo refleja lo que realmente somos, ahora que estamos espiritualmente unidos con Cristo. Nuestra vida real está escondida en Cristo, pero aparece en el espejo. Y se supone que esta vida no debe permanecer oculta. Debe manifestarse cada vez más externamente.
Primero debemos ver lo que está oculto, nuestra verdadera cara, nuestra cara natural y luego conformarnos a ella. Los mandamientos nos muestran nuestro yo verdadero, nuestra nueva persona que ama a Dios con todo su corazón, alma y pensamiento. Los mandamientos describen la vida normal del hijo o hija de Dios guiado por el Espíritu Santo.
"No por el poder ni por la fuerza, sino por mi Espíritu"--dice el SENOR de los ejércitos. Zacarias 4:6
y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, Hebreos 12:1
¿No estamos invitados a poner los ojos en Jesús? Esto significa esperar continuamente y sólo de El para la transformación interior, para hacer en nosotros todo lo que la ley de Moisés no podría lograr: darnos un corazón alegremente dispuesto a seguir Sus caminos: caminar en los planes de Dios en pequeños detalles y grandes movimientos de nuestra vida diaria.
Jesús, por medio de Su Espíritu en nosotros, es nuestra verdadera vida. Es la fuente de nuestros deseos cuando confiamos en El y aceptamos los términos del nuevo pacto donde Él es todo en todos. El es la fuerza de nuestras decisiones tomadas en Él porque podemos hacer cualquier cosa por Aquel que nos fortalece. Y es la razón de toda nuestra vida, ya que estamos invitados a entrar en obras que El mismo ha preparado de antemano para que las practiquemos mientras hemos recibido el deseo y la capacidad.
¿Y la libertad en todo esto? ¿Y nuestro libre arbitro?
Pero el que mira atentamente a la ley perfecta, la ley de la libertad, y permanece en ella, no habiéndose vuelto un oidor olvidadizo sino un hacedor eficaz, éste será bienaventurado en lo que hace. Santiago 1:25
Jacques nos habla de la ley perfecta, de la ley de la libertad.
Esta ley es perfecta en el sentido de que da deseo y capacidad. La ley del antiguo pacto no tenía ningún poder para eso. En el antiguo pacto no hago lo que quiero hacer y hago lo que no quiero. No soy libre.
Porque sabemos que la ley es espiritual, pero yo soy carnal, vendido a la esclavitud del pecado. Porque lo que hago, no lo entiendo; porque no practico lo que quiero hacer, sino que lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero hacer, eso hago, estoy de acuerdo con la ley, reconociendo que es buena. Romanos 7:14-16
En el nuevo pacto, Dios razona nuestros deseos con Su luz y Amor y nos da la inteligencia para renunciar a caminos dañinos e insalubres, para elegir y seguir caminos que, aunque ciertamente los nuestros, son también suyos, inspirados y hechos poderosos por Su mera presencia en nosotros, excelentes para los demás y para nosotros mismos.
Es una ley perfecta que funciona para todos aquellos que toman como estilo de vida esperar en El para crear voluntad de hacer, para todos aquellos que tienen un corazón suficientemente contrito y lúcido como para reconocer su frialdad, su miseria, su inestabilidad , su cobardía y su incapacidad para complacer a Dios a través de los antiguos mecanismos y el poder muy limitado de la vieja naturaleza.
Es por eso que sólo el arrepentimiento, es decir, el deseo de dar la espalda a un estilo de vida que teníamos antes o una inclinación por la vieja naturaleza, sólo el arrepentimiento y la confianza en la obra de Cristo en nosotros es la puerta de entrada a la verdadera libertad.
Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, pues éstos se oponen el uno al otro, de manera que no podéis hacer lo que deseáis. Galatos 5:17
Anda, un poco de filosofía bíblica. Este texto básicamente dice que la libertad absoluta no existe. O somos guiados por la carne a hacer cosas detestables para los demás y para nosotros mismos en un clima de insatisfacción insaciable e inextinguible, o somos guiados por el Espíritu a hacer cosas magníficas por los demás y por nosotros mismos con como salario, alegría, paz y una inmensa felicidad desbordante de nuestros corazones. En ambos casos no hacemos lo que nos gustaría. No hay libertad real.
El ‘nosotros’, libre, está, de hecho, en el medio, en la elección de por quién o por lo que queremos ser dirigidos. Este "nosotros" solo necesita ser guiado hacia lo que es lo mejor para él.
En ambos casos, habrá uno que no tendrá voz, que no hará lo que quiera. Podemos elegir quién está al volante. El ‘nosotros’, guiados por el Espíritu. O el 'nosotros' impulsado por los viejos reflejos de la vieja naturaleza.
El Señor nos da inteligencia para ver que los dos caminos no son iguales. Uno conduce, a pesar de las apariencias muy engañosas, a una satisfacción transitoria seguida de una profunda insatisfacción duradera, a la tristeza y el disgusto, mientras que el otro sentido es la vida y la paz. ¿Quién elegiría voluntariamente un camino de dolor e insatisfacción a menos que se vea obligado a hacerlo.
pues uno es esclavo de aquello que le ha vencido. 2 Pedro 2:19
Por lo tanto, cuando leo la Palabra de Dios, antiguo o nuevo testamento, ya no veo mandamientos fuera de alcance que continuamente me sumergen en la condenación. Más bien, me miro en un espejo, lo que el nuevo hombre, Jesucristo, el último Adán es en mí y siempre producirá en mí en cuanto ponga mi confianza en su obra, para finalmente haberla entendido y creído, en la obra de Su Espíritu Santo en mí.
Por lo cual El también es poderoso para salvar para siempre a los que por medio de El se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos. Hebreos 7:25
Es en esto que él es un Salvador perfecto. Nos trae de vuelta a un Jardín del Edén para tomar la decisión y experimentar lo que Adán y Eva han perdido. En el nuevo nacimiento, esta vez fuimos guiados a elegir el árbol de la vida. Ya no necesitamos el árbol del conocimiento del bien y del mal y sus frutos indefensos.
Mas por obra suya estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual se hizo para nosotros sabiduría de Dios, y justificación, y santificación, y redención, 1 Corintios 1:30
Jesucristo en nosotros es este conocimiento activo y operativo del bien y del mal. El mismo se hizo para nosotros sabiduría, justicia, santificación y redención. El es todo en todos. Además, necesitamos a Jesús la cabeza tanto como Jesús el cuerpo, es decir, la Iglesia, nuestros hermanos y hermanas en Cristo. Hablaremos de eso en un futuro próximo.
Cuando simplemente seguimos las instrucciones del Espíritu Santo dentro de nosotros, cuando confiamos en Cristo y continuamente esperamos a que E produzca su vida, sus sentimientos, el deseo de caminar en su justicia y convertimos esos deseos desde nuestro espíritu unido con Su Espíritu, en acciones concretas en nuestra vida diaria, caminamos en el espíritu. Cada una de nuestras acciones impulsadas por la vida y la morada de Cristo en nosotros a través de la fe, nos conduce a más acciones cada vez más concretas en la tierra y a una comunión cada vez más profunda con El. No olvidamos más quiénes somos.
Somos un poco como una pipa continuamente atravesada por una corriente de vida divina que brota de un manantial inagotable para regar un macizo de flores, un mundo enfermo, seco y sediento. Por lo tanto, seguimos llenos, en cuanto por un lado el manantial no está bloqueado y por otro lado si la punta de riego tampoco no está obstruida, dispuesta a regar generosamente todo lo que está a su alcance.
Es en la práctica que conocemos, que experimentamos este agua viva que pasa a través de nosotros, y vigorizándonos de paso, brota a través de todos los extremos de nuestros comportamientos voluntarios en gotas, arroyitos, arroyos, ríos de amor, de bondad, de paciencia, de dulzura, de bondad, de fidelidad, de autocontrol, de pureza, de perdón, de misericordia, de generosidad, de empatía, de poder, de sanación, de liberación, de sabiduría, de inteligencia, de ciencia, manifestando a través de nuestra personalidad única, toda soleadas por las virtudes de Jesucristo, las obras que Dios ha preparado de antemano para nosotros!
Pero el que mira atentamente a la ley perfecta, la ley de la libertad, y permanece en ella, no habiéndose vuelto un oidor olvidadizo sino un hacedor eficaz, éste será bienaventurado en lo que hace. Santiago 1:25
Quien se vuelva un hacedor dice Santiago es feliz en su actividad.
Pues estas virtudes, al estar en vosotros y al abundar, no os dejarán ociosos ni estériles en el verdadero conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. 2 Pedro 1:8
Acuérdate.
Cuando lees ‘Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús’: entiende, cree, acepta, pide, espera pacientemente en el Espíritu Santo y confía en El para convencerte, (lo que sabe hacer maravillosamente), para que te impregna de esta fe especial y revelada de que Cristo está trabajando en ti, por medio de su Espíritu y de Su Palabra Viviente, para producir su propio sentir y hacer que su sol brille sobre tu vida y reflexionando sobre las de los que te rodean.
Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Filipenses 4:13
Entonces descubres que puedes hacer cualquier cosa a través de Aquel que te fortalece. Cristo que vive en nosotros a través de Su Espíritu es VIDA. Es el CAMINO.
Cuando leas cualquier mandamiento, cualquier instrucción en la Palabra de Dios, véala como un reflejo de lo que Cristo ya está en ti, de lo que ha comenzado y seguirá produciendo en ti, de progreso en progreso, para los demás.
estando convencido precisamente de esto: que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús. Filipenses 1:6
Y que el mismo Dios de paz os santifique por completo; y que todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea preservado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará. Tesalonicenses 5:23
La vid no come uvas. Lo produce para otros. Su gloria y placer, y ella lo expresa en palabras sino en ramas que se doblan bajo el peso del fruto para finalmente ver todos sus frutos recogidos para el deleite de los codiciosos.
En esto es glorificado mi Padre, en que deis mucho fruto, y así probéis que sois mis discípulos. Juan 15:8
Estamos llamados a dar mucho fruto porque así es como el Padre es glorificado. Así que es la voluntad del Padre. Y dar fruto no es el resultado de agotantes esfuerzos de la rama sino la consecuencia natural de cualquier árbol lleno de savia y de vida.
Esto es lo que Jesús es para nosotros, un árbol lleno de vida y somos sus ramas destinadas a llevar mucho fruto. Es esta vida la que el Espíritu Santo nos comunica si la esperamos de El. Jesús es la vid y nosotros somos los pámpanos, las ramas. El Espíritu Santo es la savia que la vid desemboca en la rama. Creemos en El, siempre, todo el tiempo, ahora mismo y en el minuto que le seguirá.
El poder bajo la oración respondida 1/2
El 23/07/2026
¿Conoces esta preciosa verdad, esta verdad oculta que multiplica el poder de todas las oraciones que suben al Padre, en el nombre de Jesucristo?
Es una verdad invisible, oculta a los ojos, pero tremendamente poderosa para aquel o aquella que la conoce y la mantiene presente en la mente mientras ora a Dios.
Aquí está esa verdad:
Si estamos atravesando el valle de la enfermedad, el sufrimiento, la carencia o el malestar, estamos experimentando una injusticia ilegal porque, en verdad, "judicialmente", legalmente, según las leyes del reino de Dios, ya estamos sanados.
Las ofensas que, como creemos, nos mantienen alejados de la presencia de Dios y, por lo tanto, de Su intervención en nuestro sufrimiento, estas ofensas, nuestras ofensas, han sido legalmente, "judicialmente" perdonadas, borradas y olvidadas por Dios desde hace más de 2000 años, según las leyes del Reino.
Esta poderosa verdad debe estar presente en nuestros pensamientos mientras oramos porque es esta verdad la que impulsa, como un cohete, cada oración hasta el trono de Dios.
Dios nunca actuará según nuestros méritos, ya que no tenemos ninguno. Siempre actúa según esta verdad que necesitamos conocer.
El conocimiento de esta verdad desencadena el milagro, la respuesta a la oración. Esto es lo que hace decir a Jesús: 'Ve, tu fe te ha salvado'.
Aquí hay cinco textos que revelan el principio, textos que podemos leer y declarar en voz alta, para recordarlos tan a menudo como sea posible en nuestra memoria.
Estos son textos legales que presentarás como abogado mientras oras al Señor.
Es el Señor quien los hizo escribir para nosotros, en la Biblia, para que nos apoyemos en ellos cuando oramos, para que no sintamos que estamos pidiendo cosas que Él nunca tuvo la intención de conceder. De hecho, es el propio Señor quien nos da a conocer la existencia de estas cosas para que se las pidamos.
Es mediante esta verdad que Dios puede, con toda justicia, hacer descender hoy sobre la tierra las potencias invisibles del Reino de Dios, aquellas que ya te han sanado y liberado.
Primer texto:
Isaías 53:4 - Ciertamente él cargó con nuestras enfermedades y soportó nuestros dolores, pero nosotros lo consideramos herido, golpeado por Dios y humillado.
Él fue traspasado por nuestras rebeliones y molido por nuestras iniquidades.
Sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz y gracias a sus heridas fuimos sanados
Está hecho.
El castigo que nos da paz ha caído. Cayó de una vez por todas. Y este castigo que cayó sobre otro nos da algo.
Gracias al que fue golpeado, todos tienen el derecho legal de recibir el shalom porque es la palabra hebrea que se tradujo en nuestras biblias como 'paz'. Sin embargo, shalom significa más que paz porque como muchas palabras hebreas que son ricas en significado y tienen un significado extendido, shalom significa:
Estado completo, bienestar, serenidad, salud, prosperidad, solidez del cuerpo, paz, tranquilidad.
Todo eso está en el shalom que el Señor Jesús compró para nosotros al morir en la Cruz. Tan cierto como que Jesús murió, tan cierto, tienes el derecho legal de recibir shalom, ahora mismo.
El castigo sufrido por el Señor Jesús no tenía otro propósito. A través de la muerte y las heridas de Jesús, ya estás sanado. Y esta verdad invisible desciende y se materializa en el mundo físico para cualquiera que ore, abogando ante Dios con esta verdad clara ante sus ojos.
Segundo texto:
Juan 19:30 - Al probar Jesús el vinagre, dijo: Todo se ha cumplido. Luego inclinó la cabeza y entregó el espíritu.
Todo se ha cumplido. Estas son las últimas palabras de Jesús en la cruz. No hay nada que agregar, eso es lo que significa. No se necesita mérito personal para recibir shalom. Ninguna buena acción humana puede hacernos merecedores de alguna respuesta a la oración. El castigo que cayó es la única base legal sobre la cual el amor y la compasión de Dios se apoyan para prodigarnos Su shalom, apretado, sacudido y desbordante.
Desde el día de su resurrección, Jesús, que ahora está muy vivo, derrama sobre cualquiera que se aferre a esta verdad la increíble y beneficiosa consecuencia de este castigo. Todos los beneficios del shalom, adquiridos a un alto precio en esa terrible cruz, son para nosotros que comprendemos el inmenso alcance de esa cruz.
Tenemos derecho, ¡derecho! a experimentar por nosotros mismos y pedir para otros lo que ya está 'en stock' en lo invisible para todos: perdón, sanidad, bienestar, paz y prosperidad. Todo ya está allí. Solo tenías que mirar y entender lo que sucedió en la cruz. La cruz es el testimonio sangriento de que ya estás sanado, bendecido, y que nuestras ofensas a todos han sido borradas.
Por lo tanto, legalmente, a través de Jesús, ahora tenemos paz con Dios. Entendamos lo que Cristo estaba haciendo en esa cruz asesina: nos reconcilió con este Dios al que conocemos tan poco. A través de esta cruz, Dios ya no está enojado ni nos castiga por nuestras ofensas porque ya se ha enojado y ya ha castigado a Aquel que se ofreció por amor a nosotros. No hay doble pena. No habrá doble pena. El castigo que nos da paz, que nos da shalom, cayó sobre Jesús y eso nos abre todas las puertas de la felicidad.
Tercer texto:
Juan 11:40 - ¿No te dije que si crees verás la gloria de Dios? —le contestó Jesús
La fe es necesaria, pero no se necesita una gran fe. Un grano de mostaza es suficiente. Y el grano de mostaza es haber escuchado y conocido que Jesús fue al castigo en nuestro lugar, solo para que podamos recibir hoy perdón, sanidad, bienestar moral y físico, y prosperidad.
Si lo has entendido, tienes el grano de mostaza de fe necesario. No trates de traer algo más. Ahora puedes orar con confianza apoyándote en esto. Solo necesitabas saber y entender que el derecho 'legal' de recibir todo te fue dado por Jesús, que se entregó por todos nosotros. ¡Entonces, pide ahora, sobre esta base sólida!
Cuarto texto:
Salmos 103:2 - Alaba, alma mía, al Señor y no olvides ninguno de sus beneficios.
Él perdona todos tus pecados y sana todas tus dolencias;
él rescata tu vida del sepulcro y te corona de gran amor y misericordia;
No hay enfermedad que el Señor no haya aniquilado en la cruz. Por sus heridas, ha sanado TODAS las enfermedades. No descenderás al sepulcro.
No hay pecado que el Señor no pueda perdonar. Estos son los beneficios que emanan de la cruz. Estas leyes benevolentes desencadenadas en la cruz siguen vigentes incluso si la ejecución del decreto tuvo lugar en el Calvario hace dos mil años.
Quinto texto:
1 Corintios 1:18 - El mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden; en cambio, para los que se salvan, es decir, para nosotros, este mensaje es el poder de Dios.
El mismo poder que resucitó a Jesús al tercer día está presente en esta verdad del castigo que nos da paz y este poder actúa ahora en ti que crees.
Hay suficiente poder en esta verdad oculta y aún más.
El Hijo de Dios sufrió y, con toda justicia, hoy recibimos paz, perdón y sanidad de todas nuestras enfermedades. Solo queda mantener los ojos de nuestros pensamientos fijos en Jesús crucificado. A través de la cruz, ya estamos perdonados, sanados, y para aquellos que han comprendido y aceptado esta verdad y se aferran a ella, el Señor dice ‘¡Ve! Que todo suceda tal como has creído’ o 'tu fe te ha salvado'.
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